Carreras, choques y violencia a todo gas

Fast & Furious, película, acciónComentarios discrepantes sobre el filme FAST & FURIOUS-7. Acabo de asistir estupefacto, a 140 minutos de proyección sobre unos cachas estadounidenses que aman las carreras de automóviles, siempre que sean casi clandestinas.

Así empieza el asunto, remedando la genial secuencia de competición suicida en Rebelde sin causa, que nos metió en el disco duro el impar Nicholas Ray en 1955. Pero en este caso, sólo es para evocar las películas anteriores de esta saga insólita y lucir de pasada unos cuerpos femeninos esculturales.

Luego nos llevan a unas oficinas en Londres, previo paso por un hospital para ver lo malito que está el Owen Shaw, el hermano de uno de los protagonistas.

Nos enteramos de que lo han querido matar unos mafiosos y que Deckard Shaw no va a parar hasta vengarlo, cosa que hace enseguida, pasando por un edificio de oficinas muy lujoso, en el que vigilan una mujer y un superpolicía.

La larga secuencia de la pelea alucinante entre Jason Statham, como el vengador implacable, y el coloso vigilante Luke Hobbs, interpretado por Dwayne Jonson, marca la pauta de lo que se va ver en los muchos minutos siguientes: porrazos, saltos, destrozos de mobiliario y del propio edificio, explosiones, disparos, derrumbes y desbarato de todo lo que hay alrededor de los personajes. Hay que destruir todo, que nada quede incólume, que aquello sea un alarde espantoso.

Los dos tipos peleones son dos máquinas desatadas y sin trabas ni heridas, no acusan los impactos, como unas herramientas del caos.

Y eso que la película no ha hecho más que empezar. Lo que sigue, más de dos horas, son secuencias concatenadas por la violencia, los mamporros, el enfrentamiento y los combates entre dos bandas mafiosas, que luchan por su supervivencia. No se sabe muy bien quiénes son los “buenos” o los “malos” y tampoco importa mucho. Lo que interesa a los presuntos guionistas, realizadores, productores y hasta los intérpretes, es estar mucho tiempo ante las cámaras dándose golpizas y rompiendo cosas, mientras que de paso, se mata gente.

Por supuesto, el protagonismo real es de los diversos automóviles “preparados”, que exhiben su capacidad de marcha, choque, resistencia y agresividad, como si fueran y son monstruos rugientes, que corren que se las pelan, “a todo gas”, como se llamó al inicio esto, que ahora se ha convertido en una presunta saga cinematográfica.

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Los autos vuelan literalmente lanzados desde un avión de carga, o saltando de una torre a otra en los lujosos edificios de Abu Dabi, que se prestan como decorados glamorosos y llenos de exotismo, como hicieran los de Sexo en New York para dar cosmopolitismo a unas aventuras inanes. Claro que aquí, se revienta un auto de casi cuatro millones de dólares, o eso dicen ellos que vale el bólido del jeque jordano, que les invita a una fiesta indescriptible, con mujeres a todo pasto también como ambiente decorador…

Cuando acaba el invento, que podía ser en cualquier momento, porque las tramas se alargan o acortan según convenga; sabemos que el vengador ha perdido, y que lo encarcelan los de la CIA. Pero nadie explica quien ha ganado el macht y sobre todo, qué se va a hacer con un invento como “El Ojo de Dios”, un artefacto digital por el que una hacker consigue controlar todas las comunicaciones mundiales, y a nadie parece importarle mucho.

Los autos vuelan literalmente lanzados desde un avión de carga, o saltando de una torre a otra en los lujosos edificios de Abu Dabi

Bueno, pero como el target de este producto está ya muy definido, supongo que los cines se llenarán de comedores de palomitas y bebedores de refrescos de cola, que lo pasarán muy bien, porque el ritmo alucinante del filme ni les dejará tiempo de salir al retrete. Si lo hacen, sólo se perderán dos o tres muertes, una decena de estrellamientos de autos y los consiguientes derribos de supuestos edificios, puentes y hasta helicópteros, que participan también en los enfrentamientos, sin que la policía parezca estar enterada.

¿Alguien pregunta por el sentido de filmes así? ¿Todo esa parafernalia de maquinaria costosísima no importa que se destruya, si se hace alarde del tipo de industria bélica que lo garantiza?.

Seguro que los muchachos de los Estados Unidos y acaso los de todo el occidente aliado, quieren ser tipos tan formidables como estos guerreros de élite, que gastan y destrozan sin problemas, ni que nadie les controle lo que hacen.

Quizás debería controlarse la edad y formación de los que acuden a sesiones así, para no sorprenderse luego de la dudosa madurez del pensamiento de la época.

¡Y esta es la séptima entrega de una serie, que seguro, seguirá con otras más!

Luis Conde

 

Soy un veterano periodista, curtido en los trabajos de TVE, en diversas revistas y periódicos, desde hace más de cuarenta años. Especializado en temas de cultura popular como el humor gráfico, los tebeos, la novela de quiosco, el cine y la televisión; ejerzo como agitador cultural donde me dejan, aunque eso ya casi nadie sepa lo que es.

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Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

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