Christian Escuredo: “Cuando alaban mi trabajo, me siento como una medicina”

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Christian Escuredo: “Cuando alaban mi trabajo, me siento como una medicina”

  • Es la revelación del musical “Priscilla, reina del desierto”que se representa en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid
  • No me he sentido, como otras veces, una marioneta a la que le marcan todos los movimientos: he podido improvisar para sentirme cómodo con Felicia.

 

Aquella manida etiqueta de “joven aunque sobradamente preparado” parece creada para definir a este gallego diplomado en Educación musical por la Universidad de Valladolid, licenciado en Arte Dramático por la ESAD de Galicia y posgraduado en Pedagogía Teatral por la Universidad de Vigo. Sin abandonar sus estudios de interpretación, canto y danza –“en esta carrera de fondo hay que estar formándose siempre”-, ha tenido tiempo para probar fortuna en el cine, en la televisión y en el teatro. La osadía y el trabajo dieron su fruto y desde el pasado 2 de octubre es Felicia, el personaje que diese fama mundial a Guy Pearce en la gran pantalla, en la versión española del musical que adapta aquella película australiana, Las aventuras de Priscilla, la reina del desierto.

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El joven actor Christian Escuredo revelación del musical “Priscilla, reina del desierto” (©dm)

PREGUNTA.- Imagino que está de más preguntarte si conocías la película, pero, ¿qué sabía sobre el musical antes de participar en él?

RESPUESTA.- Las cosas como son: no lo había visto antes. Y el caso es que estuve en Nueva York cuando se estaba representando, pero me dejé llevar por otros intereses musicales… ¡Es imposible ver todo lo que ofrece Broadway en una sola visita! Pero me puse las pilas, ¿eh?, porque he visto, aunque sea en grabación, casi todas las versiones que se han hecho hasta el momento… ¡Una especie de máster en Priscilla, jajaja!

P.- Y lo mejor de vuestra propuesta es que, aunque es muy fiel al original, aunque tenéis el autobús que aparecía en Londres, se le ha dado un toque muy propio, muy nuestro, pero sin tergiversar nada… ¡Incluso se han dejado la mayoría de las canciones en inglés!

R.- Pienso que la clave fundamental de eso que dices radica en que Miguel Antelo, que se ha encargado de la adaptación del libreto, fue ayudante de Dean Bryant, el director asociado en España, y se conoce el musical de todas las formas posibles. Además, aunque los productores originales se han involucrado mucho y están muy pendientes del producto, nos han dejado bastante libertad, han permitido que en los ensayos se fuesen aportando cosas, no han sido nada rígidos y eso se ha notado a la hora de darle forma. No me he sentido, como otras veces, una marioneta a la que le marcan todos los movimientos: he podido improvisar para sentirme cómodo con Felicia.

Y lo cierto es que Christian ha hecho suyo el personaje: le aporta frescura, dinamismo, una hiperactividad exultante. Es capaz de hablar rapidísimo, dar saltos, cantar, bailar, caminar con el vistoso, impactante y en ocasiones muy pesado vestuario sin que parezca que le cuesta esfuerzo.

P.- Los tres roles principales son auténticos regalos para un actor, pero tal vez Felicia sea el más complicado porque es el que más fácilmente puede caer en lo ridículo o en lo hiriente…

R.- Lo más complicado para mí fue integrar su vocabulario, hacerlo sonar natural porque me es totalmente ajeno. Pero lo fantástico de ser actor es poder buscar la verdad de los sentimientos en un personaje que no tiene nada que ver contigo, aunque en seguida encontré puntos en común, claro, porque no hace falta haber pasado por lo que pasan ellos para comprenderles. Felicia es la careta que Adam se pone para tapar un dolor, es muy ácido con los demás para despreocuparse de sí mismo; mi mayor temor cuando lo estudiaba es que puede caer muy mal, puede resultar cruel, y me ayuda humanizarlo lo más posible para que, aunque no compartas su modo de actuar, puedas comprenderlo.

P.- Como ya sucedía en la película, el musical es más profundo de lo que pueda pensarse, pero permite varios niveles de lectura…

R.- Sí, sí, por encima de todo es una fiesta, algo divertido, si no quieres no te complica la vida: vienes, te ríes, bailas, das palmas y sales tan contento. Pero, para el que le guste ir más allá, deja sembrado un mensaje de tolerancia muy necesario; es que es muy fácil identificarte con los miedos que estos tres arrastran…

P.- ¿Quién no se ha sentido abandonado, incomprendido, desengañado?

R.- La obra da algunos puñetazos, las cosas como son, pero sabe dosificarlos para que al final salgas con la sonrisa puesta.

El mejor ejemplo de esto último es el propio Christian Escuredo, ya que no ha dejado de sonreír abiertamente, y eso que en pocos minutos ha de ir al escenario para calentar cuerpo y voz, ejercicio más necesario que nunca en este espectáculo para poder ejecutar algunas de las coreografías a las que se enfrenta: “El buen rollo que el público capta en escena nace desde los camerinos: aunque suene a tópico, todo el mundo está muy volcado y se ha conseguido que se trabaje como una compañía, todos a una, es algo que la dirección ha potenciado desde el principio y, por eso, ahora vamos a calentar a la vez, animándonos, ayudándonos, preparando la función de dentro de un rato”.

El actor confiesa estar todavía en una nube, puesto que hasta hace poco, a pesar de tener dos discos como solista y de haber hecho gira con ellos, aunque el musical no le era ajeno, muy poca gente le ponía cara, para el público era alguien por descubrir y, de un día para otro, su nombre empieza a ser conocido y, además, recibe elogios y parabienes continuamente: “Confieso que yo no era muy de las redes sociales, pasaba de todo ello, pero la Community Manager de la compañía me aconsejó que activase lo de Twitter, lo de Instagram, y he de reconocer que tiene razón: la gente te agradece mucho que estés presente, que participes, que interactúes. Y encima yo tengo la suerte de que me digan cosas preciosas, que mi actuación les ha levantado el ánimo, que les ha hecho olvidar lo malo; vamos, que a veces, leyendo cómo alaban mi trabajo, me siento como una medicina, jajajaja… Pero es genial sentirte útil”.

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Christian Escuredo, junto a sus compañeros de reparto, caracterizado como Felicia (©dm)

P.- ¿Por qué pensaste en presentarse al casting? ¿Qué encontraste de especial en Priscilla?

R.- No sabría decírtelo: yo estaba tan campante haciendo de Rolf en Sonrisas y lágrimas, pero algo me llamó la atención, tenía que intentarlo. Tuve muy claro que sólo podía optar a Felicia, pero que para eso tenía que aplicarme, mantener mi físico, hacer dieta, seguir las indicaciones de un entrenador…. Y en ello sigo, ¿eh?, soy muy metódico: sé que mi personaje requiere un físico concreto y he de responder a ello. Pero lo cierto es que debo agradecer a la dirección de casting que se fijaran en mí, que me diesen la oportunidad, que peleasen por mi trabajo, que buscasen, que probasen; me siento muy gratificado porque han valorado lo que ofrezco, lo que puedo hacer, han creído en mí.

P.- Y gracias a eso vives cada noche el “momento zapato”, la imagen icónica de la película y también del musical…

R.- ¡Madre mía! ¡Eso es una pasada!

P.- A los compases de Sempre libera de La Traviata, toda una declaración de intenciones, mientras sobrevuelas el patio de butacas…

R.- Sé que para el público es un momento emocionante, pero no puedes ni imaginar cómo me siento allí arriba… ¡No tengo palabras! ¡Es… guauuu!

Y con ese ímpetu sale disparado hacia el calentamiento con el resto de la compañía, aunque queda claro que ya viene con toda la energía necesaria para escalar la montaña más alta de Asutralia vestido de drag queen y cantar We belong.

Óscar López y Pablo Vilaboy

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Óscar López

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Siempre me fascinaron las historias, llegasen en el formato que llegasen, ¿quién iba a decirme que me convertiría en narrador, en transmisor de las creadas por otras, en autor de las propias? La comunicación es mi pasión, me atrevería a decir una necesidad, y poder darle rienda suelta sin cortapisas ni fronteras gracias a Internet se ha transformado en un goce, más que en una herramienta de trabajo.Facebook

Pablo Vilaboy

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Aunque con menos predicamento que el Mediterráneo en esta España nuestra por aquello de que a Serrat no se le ocurrió dedicarles una canción, las aguas del Atlántico avivaron desde muy joven mis ansias creativas y de ese estímulo bravío y libertario se derivaron querencias literarias, teatrales y cinematográficas que finalmente se han traducido en el escritor que soy: un tejedor de historias, ideas y sensaciones que, aun coqueteando con la dramaturgia, guarda total amor y lealtad a esa ventana abierta a otros mundos que es el séptimo arte.Facebook

 

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Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

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