El cielo y la tierra

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2001, una odisea en el espacio, Gravity e Interstellar conforman, para una influyente corriente crítica y los más radicales seguidores de Nolan, una suerte de trinidad cinematográfica cimentadora de la misma esencia del género de la ciencia ficción, sin plantearse siquiera lo desacertado de los fundamentos en los que sustentan dicha alianza.

“Si un espectador, tras ver 2001, una odisea en el espacio, sabe todas las respuestas a los interrogantes que el film plantea, habremos fallado en nuestro propósito.”, dijo Arthur C. Clarke, autor de El Centinela, relato que Kubrick tomó como punto de partida para elaborar junto al escritor el guión de aquella obra magna, mientras que, queriendo despejar ciertas dudas y sembrando otras, el mismo Clarke escribía simultáneamente la novela homónima del film. Como acontece en algunos de los trabajos mayores de Stanley Kubrick, vertebran todo el metraje de 2001… desafíos intelectuales de un hermetismo en absoluto arrogante: el genio ególatra del director neoyorquino, caracterizado por convertir en pura aritmética el arte de hacer películas y mostrar una provocadora indiferencia hacia el grado de receptividad que el contenido de las mismas tenía entre el público y la crítica, se plasma modélicamente en su clásico espacial revelándonos el abismo que lo separa de Interstellar. Mientras que la ambiciosa hondura filosófica de 2001… resulta genuina, derivándose de su visionado múltiples niveles de lectura, la pueril intelectualidad insuflada por Christopher Nolan y su hermano Jonathan en el guión de Interstellar deviene en una ambiciosa mascarada cinematográfica de entidad tan hueca como brillantes son sus intenciones.

int_mobile_farmGravity trata fundamentalmente de la posibilidad de renacer en la adversidad.”, afirmó Alfonso Cuarón muy poco antes de recibir el Oscar a la mejor dirección por su humana epopeya espacial, puntualización la del director mexicano que nos conduce hasta el mismo corazón de la superlativa maquinaria artística que puso en marcha para rodar este proyecto: la empatía incondicional del espectador hacia el personaje central y casi único del film, canalizada sabiamente en todas las secuencias de la película a través del epicentro emocional en que se sustenta el esbozo humano que se hace de la astronauta. Siendo la línea argumental que explica el bagaje sentimental de la heroína de Gravity poco original y esquemática, no pierden por ello su fuerza cada uno de los minutos que padecemos con ella mientras se encuentra aislada en el espacio enfrentándose no sólo a las catastróficas circunstancias que la rodean, sino también al demonio de su soledad íntima. Durante la hora y media que dura Gravity vivimos en la humanidad misma que personifica de forma sobresaliente Sandra Bullock asumiendo, aterrados, la infinitud de la nada en la que una persona puede perderse. Si desviamos nuestra mirada hacia el sentimentalismo desatinado de la historia apocalíptica que conforma el argumento de Interstellar, nos hallamos frente un artificio dramático, producto de la acostumbrada nula capacidad de Christopher Nolan para tratar al elemento humano de sus películas desde un nivel igualitario de entendimiento. En su film, la probada solvencia de actores como Michael Caine, John Lithgow, Ellen Burstyn, Anne Hathaway, Jessica Chastain o Matthew McConaughey, poco o nada puede hacer para proporcionar un ápice de verdad a unos personajes escritos con una trivialidad travestida de sentimiento.

Desprovisto del testigo filosófico de Kubrick y de la comprensión humana de Cuarón, ¿a qué queda reducido Interstellar? Carente del virtuosismo esperable del mismo director que ha rodado la alambicada trilogía del nuevo Batman conocida como El caballero oscuro – título de la segunda cinta- u Origen (2010), la película de Nolan termina representando todo en lo que no debería convertirse lo que podría ser un entretenido producto de serie B: Una pretenciosa sucesión de secuencias procedentes de un creador convencido de su importancia y demasiado ansioso por alimentar la admiración ajena hacia su persona.

Interstellar desarrolla en sus innecesarios ciento sesenta y nueve minutos una fútil relación paterno-filial que tiene como escenarios una Tierra apocalíptica, otros sistemas planetarios y, finalmente, una quinta dimensión omnisciente. Bajo el prisma de Christopher Nolan no existe otro universal que el amor, sugestiva noción que podría haber dado lugar a un film de belleza singular y emotividad sagaz, digno de integrar una verdadera trinidad espacial junto a 2001… y a Gravity, si de ella se hubiera apropiado un mayor y más adecuado talento. Otra vez será.

Óscar López y Pablo Vilaboy

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Más allá de la pantalla

Óscar López

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Siempre me fascinaron las historias, llegasen en el formato que llegasen, ¿quién iba a decirme que me convertiría en narrador, en transmisor de las creadas por otras, en autor de las propias? La comunicación es mi pasión, me atrevería a decir una necesidad, y poder darle rienda suelta sin cortapisas ni fronteras gracias a Internet se ha transformado en un goce, más que en una herramienta de trabajo.Facebook

Pablo Vilaboy

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Aunque con menos predicamento que el Mediterráneo en esta España nuestra por aquello de que a Serrat no se le ocurrió dedicarles una canción, las aguas del Atlántico avivaron desde muy joven mis ansias creativas y de ese estímulo bravío y libertario se derivaron querencias literarias, teatrales y cinematográficas que finalmente se han traducido en el escritor que soy: un tejedor de historias, ideas y sensaciones que, aun coqueteando con la dramaturgia, guarda total amor y lealtad a esa ventana abierta a otros mundos que es el séptimo arte.Facebook

 

 

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Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

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