De secretos y misterios

Más allá de la pantalla

De secretos y misterios

 

Un hecho maravilloso para la reflexión es que “cada criatura humana está constituida para ser un profundo secreto y un misterio para todas las demás”. Con esta sugestiva cita extraída de Historia de dos ciudades, una de las obras mayores de Charles Dickens, da inicio Ralph Fiennes a su segundo trabajo como director, The invisible woman, amarga pero bella miniatura biográfica que da testimonio de un semiencubierto episodio de la vida de aquel titán de las letras inglesas: la relación amorosa que mantuvo con la jovencísima actriz Nelly Ternan durante los trece años que precedieron a su muerte en 1870.TIW-04159.NEF

Perteneciente a una conocida saga de intérpretes de la época, Nelly era la pequeña de tres hermanas y fue unánimemente considerada como la de menor talento dramático de la familia. Al quedarse viuda, la señora Ternan constituyó con sus hijas un sólido cuarteto femenino frente a la represora tiranía patriarcal victoriana y, gracias a sus influyentes contactos en el mundo de las artes, las tres mujeres adultas continuaron trabajando asiduamente sobre las tablas. El incierto futuro de la benjamina, a un paso ya de cumplir los dieciocho años, quedó resuelto cuando Charles Dickens (que por aquel entonces contaba con cuarenta y cinco años de edad) entró en sus vidas y se quedó prendado de la muchacha.

La longeva relación amorosa que ambos mantuvieron acabó con las dos décadas del matrimonio Dickens y supuso un auténtico revulsivo para el espíritu creativo del escritor, quien se refería a la unión con su enamorada en el ámbito de la intimidad como un “mágico círculo de uno”, no dudando en inspirarse en la vivaz personalidad de la joven, tomándola como modelo para construir fragmentos de las personalidades de algunas de sus inmortales heroínas literarias especialmente la Lucie Manette de Historia de dos ciudades.

Constituyendo la admiración intelectual que Nelly Ternan sentía el sustrato básico sobre el que germinó su amor por Charles Dickens, no es menos cierto que aunque el juego sentimental no hubiera resultado equitativo por su parte, pocas más opciones hubiera tenido, dado el diligente interés con el que la señora Ternan se la ofreció como amante al literato. Abocada a ser amante secreta y nunca pública esposa de Dickens, Nelly fue servida en bandeja de plata para deleite de un hombre que, aunque la amó y cuidó de ella, no quiso renunciar al favor social que le brindaban gentes de toda clase y condición, por lo que ocultó una realidad sentimental que de haber sido notoria lo hubiera condenado al ostracismo.

The invisible woman muestra con delicada firmeza todas y cada de las aristas de la historia de amor entre Dickens y Nelly Ternan, poniendo sutilmente de relieve una palmaria contradicción entre muchos de los valores morales que el novelista defendía en sus obras y la línea de comportamiento de que hacía gala en su vida. Conduciéndonos todo ello a una suerte de común denominador en una gran parte de los biopics o filmes de tendencia biográfica acerca de ilustres personajes: la lógica existencia de muchas miserias humanas que suponen una mayor o menor fractura con respecto a cada una de las entronizadas figuras artísticas que proyectan entre sus admiradores.

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Pero, ¿acaso los tormentos internos del Truman Capote de Capote (2005) o de la Virginia Woolf de Las horas (2002), la vulnerabilidad enfermiza y algo cobarde del Keats de Bright star (2009) o el autodestructivo carácter del F. Scott Fitzgerald de Días sin vida (1959) restan valía a su obra? ¿Por qué suele suscitar tanta polémica el retrato humano de un genio, no digamos el de un político, militar u otra profesión vinculada con el poder? La delicada frontera que separa lo probado, lo consensuado, lo demostrado de lo imaginado, de la leyenda, de lo anecdótico, cuando no de la hagiografía, suele ser territorio pantanoso para la mayoría de los cineastas: fueron muchas las voces consideradas elitistas que se indignaron con la traslación al celuloide que hizo Milos Forman de la obra de Peter Shaffer Amadeus (1984), poniendo el énfasis de sus acerbas críticas en que un compositor de ese calibre no podía tener una risa tan estúpida ni un comportamiento tan lunático (precisamente, aspectos recogidos en prestigiosos estudios y biografías, no así otras de las licencias dramáticas que el libreto se tomaba y que fueron aceptadas como tales); es especialmente sangrante el modo en que algunos reciben películas como El hundimiento (2004) o La dama de hierro (2011), sólo porque no les refrenda la imagen que tienen sobre los personajes a los que retratan o no recurren al maniqueísmo más ramplón, mostrando las aristas, diferentes perspectivas de análisis (cuando, en ambos casos, humanizar a Hitler y a Thatcher, es decir, hacerlos reales, huir de la caricatura, de lo trillado, les otorga tintes aún más sombríos, más terroríficos, más descarnados).

No hay que tener miedo a conocer a los que admiramos (o a los que menospreciamos) más allá del estereotipo o de lo más paradigmático de su figura, todo lo contrario: eso enriquece nuestra visión, nuestra apreciación, nuestra querencia, y no es óbice para que, aunque nos decepcionen como personas, podamos seguir admirando su obra (y, en casos como el de Dickens, tal vez comprenderla aún mejor).

Óscar López y Pablo Vilaboy

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Más allá de la pantalla

Óscar López

oscar lopez

Siempre me fascinaron las historias, llegasen en el formato que llegasen, ¿quién iba a decirme que me convertiría en narrador, en transmisor de las creadas por otras, en autor de las propias? La comunicación es mi pasión, me atrevería a decir una necesidad, y poder darle rienda suelta sin cortapisas ni fronteras gracias a Internet se ha transformado en un goce, más que en una herramienta de trabajo.Facebook

Pablo Vilaboy

pablo vilaboy

Aunque con menos predicamento que el Mediterráneo en esta España nuestra por aquello de que a Serrat no se le ocurrió dedicarles una canción, las aguas del Atlántico avivaron desde muy joven mis ansias creativas y de ese estímulo bravío y libertario se derivaron querencias literarias, teatrales y cinematográficas que finalmente se han traducido en el escritor que soy: un tejedor de historias, ideas y sensaciones que, aun coqueteando con la dramaturgia, guarda total amor y lealtad a esa ventana abierta a otros mundos que es el séptimo arte.Facebook

 

Imágenes: ©Sony Pictures Releasing de España SA

Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

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