El vigilante vigilado

La llave de cristal

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Ha dicho el jefe del antiguo CESID, ahora CNI, sobre las normas de contratación de los espías españoles, que se debe investigar hasta el detalle la vida de los aspirantes. Por seguridad. Así que los que van a vigilar serán minuciosamente vigilados. No se salva nadie, ni el vigilante. Aspirantes, contratados, trabajadores, civiles, paseantes, desocupados, docentes, estudiantes, parados, políticos, deportistas, periodistas, ricos, pobres, niños, jóvenes, viejos, mujeres, hombres: todos. La vigilancia se asienta en dos únicos pilares, que son los que sostienen el sistema: la seguridad y el consumo. O sospechan que eres un enemigo o coligen que pueden venderte algo. Vigilan por si eres un terrorista islámico o por conocer tus gustos gastronómicos, estéticos, o sexuales. Todos sospechosos. Cualquier detalle puede delatarte.

“Mientras eso ocurre, la nueva jefa del CNI o el mismo jefe si Rajoy decide no cambiar, estarán totalmente vigilados. Y el que los nombra, también”

Así que por la supuesta protección y por el márquetin han montado una sofisticada red de observación, seguimiento, escaneo, localización, espionaje y, en último término, delación. Quieren saber en todo momento donde estas y por qué y para qué, y evidentemente cuando y con quién. Todos los datos que obtienen de una manera ansiosa los vigilantes van a parar a una gran nube, cada vez más grande, cada vez con más capacidad, donde otros vigilantes vigilados los archivan en carpetas y subcarpetas infinitas para que estén a disposición de ese gran hermano que sospecha que todos somos terroristas o de ese otro gran hermano, primo suyo, que cree que todos somos compradores potenciales.

Si fuera tangible esa nube de subcarpetas se comprobaría que todo el mundo vigila a todo el mundo en un sistema demencial. El CNI espía por orden del Gobierno que a su vez es vigilado por el CNI que espía también a los aspirantes que pretenden trabajar para él, quienes probablemente habrán tomado la precaución de espiar a sus futuros jefes y compañeros. Esta parte del mundo y la otra, la globalización tiene eso, está llena de cámaras de seguridad, y si estas son visibles, los satélites no lo son, y los sofisticados sistemas de seguimiento en las redas, menos. Los juguetes de la tienda del espía se han vuelto pueriles, como souvenires de las historias de Ian Fleming.entresacado_llave_cristal

Como los sistemas son cada vez más potentes, más sofisticados, no se le escapa nada, igual saben a quién tienes en el WhatsApp que si caminas por el centro de Madrid con una bandera republicana bajo la chaqueta. Lo conocen todo, las páginas por las que pasas, por las que te quedas e incluso las que detectas; las veces que vas a comprar el pan, o las que llamas por teléfono, o si no llamas, también lo saben; si vas al cine o qué es lo primero que pides en el bar al que sueles ir. Pero el afán enfermizo de reunir datos por seguridad o por marquetin puede llegar hasta la histeria de recolectar información inútil que no sirve ni para confeccionar estadísticas. Porque las personas que trabajan en seguridad si de algo están convencidas es de no fiarse ni de su padre, así que almacenan absolutamente todo, por estúpido e insignificante que pueda parecer. Además como están entrenadas para no dudar, no dudan. Como un trapero, recogen todo. ¿Y si el dato afecta a su jefe? La máquina de la vigilancia les diría, por supuesto, nunca se sabe. ¿Y al jefe de mi jefe? Y el engranaje, puesto en marcha, contestará: apunta y no preguntes.

Imaginemos que la paranoia recaudatoria tiene juntos todo ese número incalculable de datos, gestos, costumbres, signos, referencias y relaciones que han recolectado todo los vigilantes: los pequeños, los grandes, los útiles y los bobos. No es descabellado pensar que la maquinaria de vigilancia se pone en marcha, porque su adn es precisamente estar en permanente acecho, ante un temor de un posible ataque o una posibilidad de consumo, y dado que tiene anotado y grabado y husmeado todo de todos, se obsesiona con tanta bobería inútil almacenada y se empieza a vigilar a si misma. Eso nos daría una posibilidad real de que pete el sistema. Igual es bueno que sigan vigilando, hasta el bucle del vigilante.

Mientras eso ocurre, la nueva jefa del CNI o el mismo jefe si Rajoy decide no cambiar, estarán totalmente vigilados. Y el que los nombra, también. La máquina no puede parar.

 

Miguel Ángel del Arco

Periodista, doctor en Periodismo y profesor de Periodismo en la Universidad, no necesariamente en este orden. Empecé en un periódico que también ha cerrado, como tantos, El Adelanto de Salamanca. Lo hice a contramano, de becario al que encargaban, o proponía, entrevistas en profundidad y artículos de opinión. Desde entonces han pasado más de treinta años por redacciones de periódicos y sobre todo semanarios, empeñado en buscar historias para entender el mundo. Transité por todos los géneros y todas las secciones, aunque fue la de Cultura la que se apropió más de mi tiempo. Y ahí sigo a contravía: bloguero sin método, extraño en las redes, twittero de tarde en tarde, capitán sin barco, buscando historias y pretendiendo enseñar que el Periodismo es posible. Ahora, con la idea de cambiar de postura, ando por Colombia.

Foto: © Vallejo

Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

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