Fernando Gamboa: “Le haría un escrache a Rajoy en su propio despacho”

 

Hoy es siempre todavía

Fernando Gamboa: “Le haría un escrache a Rajoy en su propio despacho”

Entrevista a Fernando GamboaHay personas para las que siempre es todavía, una de ellas es Fernando Gamboa. Hoy, novelista que ha cautivado a más de 200.000 lectores, y ayer, buzo, jugador de poker, guía de deportes de aventuras, cocinero de hamburguesas, pequeño empresario, patrón de yate y piloto de avionetas, entre otros oficios. Ninguno convencional. Él tampoco lo es, no tiene casa en propiedad, tampoco tiene coche, si acaso una bicicleta y realmente, por mucho que cueste entenderlo, no  necesita grandes bienes materiales para hacer realidad su día a día.

Se empeña en llevarle la contraria al consumismo, con alguna excepción: un ordenador portátil, un lector de libros digital y un billete de avión. El resto lo pone su imaginación, la misma que ha seducido a su editorial actual (Ediciones B), después de haber vendido el solito 50.000 ejemplares de su novela “La última cripta” en menos de un año mientras el sector editorial se resentía gota a gota, en un insufrible tormento.

fernando gamboaCansado de que la fortuna se empeñara en jugar con él al ratón y al gato, recuperó sus derechos de autor, después de la quiebra de su editorial, y se lanzó a la autopublicación en el mejor momento, casi recién aterrizada la plataforma digital más importante que comenzaba a despertar recelos en el sector. Él sabía que sus historias tenían tirón (de su primera novela vendió más de 100.000 ejemplares en Rusia) y como un hombre orquesta, autor, jefe de prensa y comercial de sí mismo, hizo extensiva esa fascinación del este a las redes sociales. Y lo logró con apenas 700 seguidores en Twitter y menos de 2.000 en Facebook.

En 2012, Amazon lo distinguió con la calificación de Bestseller en el género de novela de aventuras después de haberse mantenido como número 1 durante cinco meses. Casi a la vez llegaron las ediciones digitales de “Guinea”, “La historia de Luz” y “Ciudad negra”, que ha saltado al papel de mano del sello del Grupo Z.

dm. Lo suyo, más que una segunda oportunidad ha sido una quinta, una sexta o una décima, por lo menos, porque ha sido usted casi de todo ¿se buscaba a sí mismo, además de buscarse la vida?

FG. Lo cierto es que con veinte años no me preocupaba de problemas filosóficos ni búsquedas interiores. Simplemente quería explorar, probar cosas nuevas y vivir cada minuto como si fuera el último; en realidad, lo mismo que cualquier otro veinteañero. La diferencia, quizá, es que tuve la fortuna (o infortunio, aún tengo que decidirlo) de infectarme con la enfermedad del viajero, y desde entonces no puedo estar en algún lugar haciendo algo, sin pensar en que debería ser interesante hacer alguna otra cosa en cualquier otro lugar. Un apasionante sinvivir.

dm. Y dígame, ¿los aventureros de antes son los emprendedores de hoy?

FG. Diría que ambas cosas son casi sinónimas. Raro es el emprendedor, que no tiene el espíritu aventurero que le lleva a desafiar a sus circunstancias y salirse de la zona de confort que a todos nos envuelve y aturde. Cualquier emprendedor es un aventurero en potencia, y viceversa.

dm. Desde luego, en lo que parece no haber crisis, o al menos no tanta, es en la novela histórica y la de aventuras, que es en la que usted triunfa, ¿nunca estamos contentos con nuestra existencia y por eso buscamos las experiencias de otros?

FG. No es de ahora. Las primeras obras literarias conocidas fueron la Ilíada y la Odisea, dos fabulosas novelas históricas de acción y aventura, y si los gustos no han cambiado desde entonces, será por que dos mil años más tarde aún nos siguen cautivando ese tipo de historias. Cuando Homero se sentaba junto a una hoguera a narrar sus fábulas frente a unos oyentes embelesados, relatando sangrientas batallas entre héroes o viajes inconcebibles, estaba haciendo lo mismo que hemos seguido haciendo muchos escritores desde entonces: contar historias con apariencia de realidad, que transporten al lector más allá de los límites de su propia imaginación. Historias que hagan soñar. Ese tipo de novela es la que me gusta leer, la que me gusta escribir, y por fortuna también la que gusta a la mayoría de los lectores.

Tal vez el secreto de su éxito reside en su espontaneidad, combinada con un espíritu viajero del que deja constancia con las numerosas fotografías que sube a Facebook, a cada cual en un destino más exótico. Tampoco se muerde la lengua al expresar con vehemencia electrónica sus críticas a las clases dirigentes en artículos que publica, sin regla fija, en su web. Sabe lo que quiere y, ahora, también cómo conseguirlo. Pero si una se fija en su vida: sin propiedades, sin hijos, viviendo en cualquier parte del planeta… la pregunta es inevitable ¿a qué estará unido? Y no duda al afirmar que: “Me nutro de mi vida y mi propia experiencia para escribir novelas, utilizo lugares que conozco, sentimientos que he experimentado, peripecias que he sufrido y personajes con los que me he tropezado. Pero de momento no cambio mi vida por la de ninguno de mis sufridos protagonistas. Y aun a riesgo de parecer cursi, diría que solo estoy unido a mis sueños”.

dm. Y con esa forma de vida, ahora que reside en Australia, ¿qué quiere ser de mayor?sangre sudor y semen

FG. En realidad no sé lo que voy a hacer ni en qué país voy a estar la semana que viene. Tomo al pie aquella letra de canción de Rubén Blades que dice: ‘La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida’. De modo que no me preocupo demasiado por el pasado mañana, ya que sea lo que sea que espere o imagine, lo único seguro es que no acertaré.

dm. Las aventuras son la temática principal de sus novelas, salpimentadas con una relación amorosa, experiencias traumáticas y un desenlace al que se llega después de perder algo en el camino. Parece la vida misma…

FG. ¡Jajaja! ¡No me desveles el secreto! Lo cierto es que no hay nada nuevo bajo el sol. Todos los romances, todos los misterios, todos los desenlaces ya están escritos. Si tomas por separado los componentes de cualquier novela de aventuras desde nuestro amigo Homero, no dejan de ser una y otra vez la historia de un protagonista que ha de resolver un conflicto, enfrentándose a sí mismo y a los que tratan de impedírselo, generalmente contando con la ayuda de fieles amigos que le asisten. Lo que nos hipnotiza de las buenas novelas y nos lleva a leerlas con devoción una y otra vez, es la forma en que dichos elementos comunes son conjurados por la imaginación de autores y lectores, para crear una historia emocionante y diferente.

dm. ¿Y por eso hace sufrir tanto a Ulises, su protagonista?…

FG. ¡Le pongo en problemas, claro! Menudo tostón sería una novela de aventuras, en que el protagonista no tuviera que sudar la gota gorda. Sangre, sudor y semen; esa es la receta de la novela de aventuras.Fernando Gamboa en uno de sus viajes

dm. A su personaje masculino le gustan las mujeres con personalidad, fuertes, pero sin renunciar a la ternura que siempre se nos asocia. Ulises también es tierno, a su manera, y fundamentalmente arrojado. Y le deja usted un lugar preferente al maestro, esa referencia sensata (e imprudente en sus novelas, como un cóctel paradójico). ¿Un triunvirato imprescindible para triunfar en la vida, en la literatura o una tendencia con la que evadirse de la cotidianidad?

FG. Bueno, estos tres son la santísima trinidad de los arquetipos; desde Homero –otra vez Homero, siempre Homero-, a la Guerra de las Galaxias. En la literatura está claro que el triunvirato funciona, y en la vida real deberíamos ser un poco cada uno de ellos: apasionados y reflexivos aunque imprudentes. Muy imprudentes. La prudencia es la madre del tedio.

dm. Hay un título en su obra que se aleja diametralmente del género que cultiva: “La historia de Luz”. Cuya protagonista tuvo vida de todo menos envidiable. Ahora, con la perspectiva del tiempo, ¿piensa que la literatura sigue siendo una buena forma de denunciar o estamos inmunizados frente a cualquier desgracia?

FG. Es la historia real de una niña colombiana en busca de su madre, pero no la considero una historia dura ni de denuncia, sino un relato sobre el amor y la esperanza. Por otro lado, la literatura creo que es un excelente método de concienciación social. Pero en mi opinión ha de seguir siendo una buena historia para atrapar al lector.

dm. El año 2012 fue el de su absoluta cercanía al lector a través de, sobre todo, la plataforma de venta Amazon y de las redes sociales. En 2013, es autor del catálogo de Ediciones B. ¿Ha notado el cambio en relación con su público?

FG. Ahora mismo tengo cuatro libros publicados: dos autopublicados en Amazon y dos a través de Ediciones B, “La última cripta” será reeditada en breve, así que sigo en contacto con los lectores a través de las redes sociales y mi página web. La diferencia es que los lectores de papel suelen ser menos participativos y tienen menos costumbre de contactar con el autor para dar su opinión o simplemente saludar, algo que los lectores de libros electrónicos suelen hacer con mayor frecuencia. Pero la relación con ellos sigue siendo igual de fluida y cordial que antes.

dm. La autopublicación parece la panacea, la respuesta a todos los males, ¿es realmente así? Porque se empieza a hablar de un hartazgo del lector que compra literatura barata y accesiblede manera compulsiva libros porque son muy baratos.

FG. Estoy convencido de que la autopublicación es el futuro, ya que los autores por fin pueden ver compensado su trabajo de forma justa y transparente, así como los lectores hacerse con buenos libros, por solo una fracción del precio del mismo ejemplar publicado en papel por una editorial tradicional. Cada vez más autores, incluso consagrados, se están pasando a la autopublicación, y cada vez más lectores en todo el mundo están descubriendo las ventajas del libro electrónico. A los lectores que compran libros que no van a leer de manera compulsiva, solo porque resultan más baratos, creo que tiene un problema que nada tiene que ver con el libro electrónico. Yo les recomendaría que hiciesen terapia de grupo en Compradores Anónimos J. Resumiendo: que la literatura sea barata y accesible, nunca debería ser un problema.

dm. Uno de los principales defectos que se le achaca a la autopublicación es que el proceso de edición se ha visto alterado por la falta de un editor que lo supervise, la mirada objetiva que tiene que ser profesional. ¿Se echa de menos esta figura?

FG. Un escritor que desee ganarse la vida autopublicando sus obras, ha de invertir en correctores, maquetadores, diseñadores y editores profesionales para que su trabajo alcance la misma calidad, o más, que cualquier libro publicado a través de editorial. Personalmente, es lo que yo hago, y no resulta difícil contratar magníficos profesionales que hagan para un autor independiente el mismo trabajo que realizan para una editorial. Así, el resultado final es impecable y de ese modo ganan los lectores, los profesionales de la edición y por supuesto el autor.

fernando gamboa portatildm. Realmente, Amazon, y cualquiera de las otras plataformas de venta de libros, es que como si un autor tuviera acceso directo a una gran librería de inmejorables ventas, en la que él mismo coloca sus libros en las mejores estanterías, además tener la oportunidad de charlar con el lector que acude a ella. ¿Este nuevo escenario ayuda a la literatura o a las ventas?

FG. Ayuda a que se lean más libros ya que resultan mucho más baratos para el lector, y como el autor  gana muchísimo más por cada ejemplar, también ayuda a los escritores que logran vender sus obras, a ganarse mejor la vida. Ahora, gracias a plataformas como Amazon, no son un puñado de editores sentados en sus despachos los que deciden qué libro va a ver la luz y en cual van a invertir publicitariamente para convertirlo en un éxito. Los editores ya no tienen el poder de decirle a la gente qué puede o no puede leer; ahora son los lectores los que eligen libremente y se recomiendan libros entre ellos gracias al boca-oreja, los blogs o las redes sociales. La literatura, al fin, vuelve a estar en manos de los lectores y los escritores, que al fin y al cabo son las dos únicas figuras imprescindibles de la literatura.

dm. ¿Cuál es, en su opinión, el eslabón que se ha roto para que el lector acuda en masa al libro digital? ¿Es solo el precio extremadamente bajo?

FG. El precio razonable de los libros digitales es un factor importante, sin duda, y los autopublicados tenemos la ventaja de decidir los precios según nuestro criterio y variarlo si nos interesa. Algunas editoriales insisten en vender sus libros digitales por diez o doce euros, y eso significa que todavía no han entendido la importancia del libro digital y se aferran a las viejas inercias comerciales.

Millones de lectores en todo el mundo –entre los que me incluyo-, hemos visto la luz al descubrir que podemos leer en un aparato práctico y cómodo, magníficas obras literarias por poco más de lo que nos cuesta un café. ¿Cómo no vamos a volcarnos en ello? Confieso que soy un enamorado del sensatez y apertura de miraspapel impreso. Soy de los que huelen las páginas y pasea los dedos por el lomo, y me encanta tener cientos de ejemplares en mi biblioteca; pero hace más de un año que no compro un libro en papel y posiblemente tarde otro tanto en volver a hacerlo. A fin de cuentas lo que importa es el contenido, lo que está escrito en las páginas de ese libro, no la celulosa en que se imprime. ¿Para qué gastarme más de veinte euros en un libro que ya no voy a volver a leer, si puedo tenerlo en mi ebook por solo una fracción de ese precio? Si eres de los que leen con frecuencia, amortizarás un ebook en cuestión de meses, o incluso semanas.

dm. ¿Qué le falta al sector editorial español para volver a conectar con un público que parece haberle dado la espalda?

FG. Sensatez y apertura de miras. No pueden insistir tercamente en un modelo de negocio que ya ha quedado atrás. Si no cambian de rumbo probablemente seguirán los pasos de otros dinosaurios hoy extintos, como las agencias de viaje. ¿Recuerdan cuando aún las usábamos y dependíamos de las omnipresentes agencias de viajes para que nos dijeran a dónde ir y cómo hacerlo? Al parecer casi todas pensaban que eso de reservar vuelos u hoteles en internet no tenía futuro, que los viajeros las necesitaban para organizar sus vacaciones, y en consecuencia no supieron adaptarse a los nuevos tiempos y simplemente languidecieron hasta desvanecerse. Esperemos que las editoriales tradicionales hayan aprendido la lección, reaccionen a tiempo y no terminen de igual modo.

dm.  ¿Habría que hacer autocrítica o gran porcentaje de la culpa la tiene la crisis?

FG. Gran parte de la culpa de esta dichosa crisis, es precisamente la falta de autocrítica. Si en lugar de recrearnos en modelos de producción que estaban condenados al fracaso, hubiéramos mirado hacia adelante e invertido en el futuro, otro gallo nos estaría cantando ahora mismo.

dm. Tampoco la política actual ayuda mucho, con un IVA por las nubes que no respeta ni incentiva la Cultura. ¿Me permite ponerle en un aprieto: qué haría usted si fuera ministro del ramo?

FG. Eliminaría el IVA cultural de inmediato. Sin dudarlo. La cultura es la base sobre la que ha de edificarse cualquier sociedad, y cuanto más barata y accesible sea, mejor sociedad –y más rica- tendremos. No se me ocurre mejor inversión. Luego iría a ver al presidente a la Moncloa, y le haría un escrache en su propio despacho.

dm. ¿Cómo ve el futuro del sector?

FG. El futuro de los escritores y los lectores es brillante. Cada vez habrá más libros disponibles y más baratos para los lectores, y los autores ya no tendrán que conformarse con los exiguos royalties que les ofrecían hasta ahora, con lo que podrán vivir dignamente de su trabajo sin necesidad de vender millones de ejemplares. Buenos tiempos para la lírica.

dm. Y, ¿el suyo?

FG. Yo sigo escribiendo, con la esperanza de que mis próximas novelas sean tan generosamente acogidas por los lectores como lo han sido hasta ahora, y así seguir dedicándome a esto que tanto me gusta, que es contar historias. Y de forma más inmediata, en cuanto termine esta entrevista pienso prepararme unos tacos mexicanos y tomarme una cerveza bien fría en el jardín mientras observo pastar a los canguros.

 ©Imágenes Fernando Gamboa

 

Reseña

Ciudad negra

portada ciudad negraAventuras en estado puro. Las del trío formado por Ulises, Cassandra y Eduardo; viajero, arqueóloga y profesor para más señas, que se embarcan en una historia tan rocambolesca como universal: descubrir la ciudad perdida de la que jamás nadie ha vuelto para contarlo. En un mundo de intrigas económicas, no podía faltar la empresa sin escrúpulos (tan familiar en estos tiempos) que es capaz de cualquier cosa por añadir beneficios a su cuenta de resultados.

Una aventura en toda regla, con su misterio, su romance, sus penurias y su excelente ambientación. Y un autor que consigue una atmósfera a veces asfixiante, como la de la propia selva, a veces angustiosa y a la vez, también divertida. Porque el humor es un elemento indispensable en las novelas de Gamboa, aun en la peor de las situaciones sus personajes siguen siendo irónicos como el que tira de la herramienta que mejor maneja para aliviar la tensión.

Y así, uno se imagina a un Ulises socarrón, a una Cassandra algo picajosa y a un profesor universitario al estilo del padre de Indiana Jones, genialmente interpretado por Sean Connery, con ese flema británica capaz de no despeinarse ni aun cuando están a punto de rebanarle el cuello.

La verdad es que Gamboa parece el creador del “Indy español”. Un tipo que no deja de meterse en líos, al que es difícil no querer aunque a veces desees perderle de vista y si puede ser para siempre, mejor. Paradojas de la ficción, que te permite rescatarle en la siguiente página. Un personaje que ya crearon los autores antiguos: el aventurero, el osado, el que quiere ir siempre un poco más allá y descubrir lo que otros no conocen y al que el novelista barcelonés le ha dotado de personalidad propia.

Que junto a la chica intrépida y el profesor algo despistado conforman el trío perfecto para una historia de aventuras, las mismas que han triunfado antes y siguen teniendo hoy el favor del público. Porque no hay nada mejor que una buena historia para desconectar de la realidad rutinaria y mañana… será otro día.

Merche Rodríguez

Estudié periodismo porque quería saber qué ocurría a mi alrededor. Y además, quería contar historias. Las que salen de la cabeza de un novelista, me encanta leer y escribir sobre lo que he leído, pero también las humanas, las que vemos todos los días de personas con las que nos cruzamos, conocidas y anónimas. Creo que los medios digitales no son el futuro, son el presente y han llegado para quedarse. He tenido grandes maestros y vivo en un estado de formación continua porque lo que me apasiona realmente es aprender. Si quieres saber algo más de mí, puedes averiguarlo aquí.

Escrito por Merche

Author: Merche

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