Envejecer no es para cobardes

Más allá de la pantalla

envejecer no es para cobardes

   Preparando nuestra primera colaboración con Madame la directrice (¡Te lo robamos, Mr. Belvedere!), hablando de esto y aquello, de repente apareció Liza Minnelli en la conversación y, como no podía ser de otra forma, volvimos a dar vueltas en torno al espinoso asunto del modo en que Ellen DeGeneres trató a la mítica artista en la última de ceremonia de los Oscar. Nosotros, admiradores irredentos de la estrella (y también de la presentadora), tardamos en identificarla y pensamos que, efectivamente, alguno de sus muchos imitadores se había colado en la gala; cuando nos percatamos del error, reímos al igual que la inolvidable Sally Bowles fílmica, puesto que ella ha sido siempre la primera en hacer mofa de sus cambios y deterioros físicos, jugando al equívoco con aquel marido con el que compartió pelucas y vestidos, apareciendo más emperifollada y maquillada que los transformistas que en todo el mundo la homenajean.

Pero, ya que estábamos, tirando del mismo hilo, ambos expresamos nuestro estupor porque los mismos que se erigieron en dhollywood arrinconaefensores de Liza (más por atizar a Ellen, creemos nosotros) no hicieron ni un solo comentario sobre el patético espectáculo que consintió la Academia al desempolvar a Kim Novak (aquella que enamoró a una generación en Picnic, la obsesión sexual de James Stewart en Vértigo), lanzándola al escenario para dejar patente el modo en que su rostro se ha deformado (estragos de una cirugía que debía mantenerla permanente e irrealmente joven y que ya eran visibles cuando participó en Falcon Crest a mediados de los 80, agudizados 30 años después) y cómo es incapaz de seguir un guión elemental con dos frases formularias (“Los nominados son…” y “el Oscar es para…”). Sin duda, el buen humor de Liza (quien a pesar de todo sigue dando vibrantes espectáculos y llenando aforos de muchas butacas) y la doliente indefensión de Novak, con la mirada y la mente perdida, pueden ser las dos caras que ejemplifiquen la sentencia de una de las más grandes, Bette Davis, quien con su habitual tono caustico y tras resucitar dos veces (con Eva al desnudo y ¿Qué fue de Baby Jane?), advirtió que “envejecer no es para cobardes”, señalando no sólo lo mal que se recibe el declive físico en la meca del cine, sino el desplazamiento profesional que se abatió sobre ella a medida que se iba haciendo mayor.

   Las interpretaciones femeninas que los votantes de la Academia de Artes y Ciencias cinematográficas de Hollywood consideraron las más destacadas de 2013 fueron toda una apuesta por la veteranía y permanencia en el fascinante oficio de la actuación. Así, junto a la nueva “novia de América” (y van…), Jennifer Lawrence (quien por el momento mantiene su estatus estelar, no como otras promesas que desaparecen antes de que su nombre sea memorizado) y la entronización de una debutante en cine como Lupita Nyong´o (flamante Oscar a la mejor actriz secundaria por su descarnada labor en 12 años de esclavitud), encontrábamos los nombres de actrices que van acumulando prestigio y experiencia (tanto las más jóvenes Amy Adams y Sally Hawkins como las muy populares Sandra Bullock y Julia Roberts o, jugando en otra liga, la triunfadora de la noche como mejor actriz, Cate Blanchett), mujeres que se mantienen fieles a la responsabilidad que desde la pantalla han ido asumiendo acorde con sus heterogéneos talentos. Y ese Hollywood que arrincona, pone fecha de caducidad, anhela carne fresca a la que malear, exhibir, explotar y desechar cuando no luce, se ha rendido también ante un trío de ases bendecidas por una perdurabilidad ciertamente admirable en su oficio: la simpar Meryl Streep cuya genialidad sigue sin encontrar límites, la maestría de la gran dama de la escena inglesa Judi Dench y de la absoluta revelación del momento, una rutilante June Squibb, quien alcanza el éxito con 84 años.

   bette davis“Acordaos de mí cuando mi carrera comience a declinar”, apuntó jocosamente una lozana Emma Thompson al ser laureada por vez primera con una dorada estatuilla por su exquisita labor como protagonista en Regreso a Howards End. Aunque inició un prometedor recorrido como guionista con Sentido y sensibilidad, que se saldó con un nuevo Oscar, la intérprete británica es el máximo ejemplo de cómo mantenerse al margen de los dictados y esclavitudes de la industria y lo que ello comporta, apostando por proyectos personales muy por debajo de su talento o caprichos del momento traducidos en elecciones desafortunadas; tal vez por este cúmulo de circunstancias, cuando ha regresado por la puerta grande con su colosal encarnación de P. L. Travers en Al encuentro de Mr. Banks no ha sido bendecida con una nueva candidatura al Oscar, decisión muy criticada, incluso con exabruptos bastante sonoros, por algunas de sus compañeras (Meryl Streep y Julia Roberts). Tal vez, rememorando sus palabras, la Thompson se haya percatado de que, además de una buena fortuna, ha de contarse con un ánimo infatigable para no cejar en el empeño de intentar perpetuarse en cada nueva encarnación del arte interpretativo.  Porque, en definitiva, es la voluntad de no claudicar ante ningún asomo de cobardía lo que confiere entidad no sólo a quienes somos sino a lo que anhelamos ser (y por eso Liza Minnelli se ríe hasta de Janeiro porque, tal y como escribió Sondheim, sigue aquí).

 

Óscar López y Pablo Vilaboy

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Más allá de la pantalla

Óscar López

oscar lopez

Siempre me fascinaron las historias, llegasen en el formato que llegasen, ¿quién iba a decirme que me convertiría en narrador, en transmisor de las creadas por otras, en autor de las propias? La comunicación es mi pasión, me atrevería a decir una necesidad, y poder darle rienda suelta sin cortapisas ni fronteras gracias a Internet se ha transformado en un goce, más que en una herramienta de trabajo.Facebook

Pablo Vilaboy

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Aunque con menos predicamento que el Mediterráneo en esta España nuestra por aquello de que a Serrat no se le ocurrió dedicarles una canción, las aguas del Atlántico avivaron desde muy joven mis ansias creativas y de ese estímulo bravío y libertario se derivaron querencias literarias, teatrales y cinematográficas que finalmente se han traducido en el escritor que soy: un tejedor de historias, ideas y sensaciones que, aun coqueteando con la dramaturgia, guarda total amor y lealtad a esa ventana abierta a otros mundos que es el séptimo arte.Facebook

 

 

 

Créditos fotográficos imagen destacada cine: Nando.uy via photopin cc

Escrito por Merche

Author: Merche

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