Fantasía y sanación

Más allá de la pantalla

Fantasía y sanación

En el acervo popular se dice que “hay que inocularse todos los días de fantasía para no enfermarse de realidad”, y es precisamente ese rechazo a dejarse envenenar por lo real, buscando cierta sanación en una pertinaz inmersión en las aguas insondables de la imaginación, la idea motriz que rige en el día a día de T.S. Spivet, el niño prodigio protagonista de la última experimentación fílmica de Jean-Pierre Jeunet, El extraordinario viaje de T.S. Spivet.

La novela en la que se basa la película de Jeunet, Las obras escogidas de T.S. Spivet, escrita por el estadounidense Reif Larsen, narra el emotivo periplo vital seguido por el personaje que le da título, un niño de diez años dotado de una mente privilegiada para inventar aparatos científicos así como para la cartografía, los cálculos matemáticos y la ilustración, que vive en un apartado rancho de Montana en el seno de una familia disfuncional, herida por la muerte accidental del hermano mellizo del pequeño genio, de la que este se culpabiliza sintiéndose aún más aislado dentro del caos en el que también han quedado atrapados sus padres y su única hermana. Sumido en una espiral de incomunicación y desafecto familiar que agudiza no sólo su culpa sino también la sensación de que es él quien debía haber desaparecido de la ecuación fraterna y no su hermano, T.S. Spivet ahondará en el poder evasivo que le otorga su fecunda imaginación para transformar la grisura de cuanto le rodea en un luminoso mundo hecho a la medida de la infinitud de su mente creativa, y cuando decida fugarse del rancho con el propósito de recoger un premio que han otorgado en Washington a uno de sus inventos, el viaje emprendido, que le obliga a atravesar todo el país en tren, servirá para recomponer las vidas de todos los integrantes de su familia, amén de ofrecerle la oportunidad de hacer el más extraordinario de los descubrimientos: la importancia de su propia existencia como parte esencial de una comunidad de amor.

El extraordinario viaje de T.S. Spivet supone otro acierto en la carrera de Jeunet, podemos decir que hay en ella un idéntico equilibrio de sentimiento e inventiva cinematográfica”

El inventivo universo literario creado por Reif Larsen en su novela era un material ideal para un director entronizado en un estilo visual exuberante e imaginativo como es Jean-Pierre Jeunet; de hecho, la conexión entre estos dos talentos visionarios había tenido lugar varios años antes, sin saberlo el cineasta, cuando, durante una proyección de Amelie (2001), el gran éxito del director galo, el autor de Massachusetts había sentido que alguien había estado hurgando en la cabeza y sacando a la luz su particular manera de entender y reflejar el mundo, el motor que daría fuerza y cristalizaría en la novela ahora trasladada a la gran pantalla. Ateniéndonos a una sabia máxima del maestro François Truffaut: “Quien quiera que cultive la fantasía en el arte está un poco loco. Su problema estriba en hacer interesante esa locura”; hay que decir que la plasticidad fecunda de la que Jeunet hace gala en sus filmes no siempre logra el equilibrio deseable entre hondura sentimental y derroche visual: encumbrado por crítica y público gracias a la ya nombrada y celebérrima Amelie, filme con un encanto demasiado pagado de sí mismo que roza peligrosamente la más plúmbea estética publicitaria, había debutado en el mundo del largometraje junto a su compinche Marc Caro con ese divertido y sorprendente delirio cinematográfico titulado Delicatessen (1991), deparándonos su corta filmografía enormes errores de incontinencia creativa como La ciudad de los niños perdidos (1995) –segunda y última cinta firmada a cuatro manos-, pero también una obra incomprendida debido a los paralelismos y comparaciones que motivó el enfervorecido fenómeno de Amelie, en la que sin embargo el director francés mostró una modélica capacidad para sortear los peligros de la saturación plástica a la que es tan propenso, anegando de emoción una historia pasada por el tamiz de su fértil mirada de cineasta: Largo domingo de noviazgo (2004), título que merece una revisión sin la mirada infectada por los indudables aciertos pero también las vacuidades y sinsentidos que jalonan el un tanto hinchado metraje de Amelie.

El extraordinario viaje de T.S. Spivet supone otro acierto en la carrera de Jeunet, y sin guardar relación en sus intenciones argumentales con Largo domingo de noviazgo, podemos decir que hay en ella un idéntico equilibrio de sentimiento e inventiva cinematográfica, integrando las tres dimensiones en su dibujo a ratos estrambótico, por momentos delirante, siempre abracadabrante, del modo en que su pequeño héroe (que no se siente tal, de ahí su veracidad, la empatía que destila en el espectador, la honestidad en el tratamiento y desarrollo del personaje) contempla, analiza, recoloca el mundo, poniendo toda su imaginería visual al servicio de la historia, imprimiendo humanidad a cada fotograma, permitiendo que Helena Bonham Carter pueda demostrar su grandeza alejada de la estética burtoniana que tanto ha reducido su potencial y que la siempre refrescante Judy Davis robe todos sus planos con una comicidad y sentido del ritmo, exagerando todo lo que es pertinente para plegar velas antes de resultar ridícula, caudalosa y contenida como sólo una enorme intérprete puede equilibrar. Punto y aparte merece Kyle Catlett, quien se gradúa con todos los honores en su primera aparición en un largometraje, soportando con entereza y sobriedad el peso emocional del filme.

La mayor proeza de T.S. Spivet radica en que, a través de su evasión de la realidad, consigue dinamitar el armazón de caos que mantenía a él y a los suyos apartados de los verdaderos cimientos de un amor común, transformando lo real de cuanto lo circundaba en un plano de vida donde puede crecer en paz con la excepcionalidad que le es propia. Porque donde rige la fantasía, la más inopinada sanación es posible.

Óscar López y Pablo Vilaboy

Óscar López y Pablo Vilaboy

Más allá de la pantalla

Óscar López

oscar lopez

Siempre me fascinaron las historias, llegasen en el formato que llegasen, ¿quién iba a decirme que me convertiría en narrador, en transmisor de las creadas por otras, en autor de las propias? La comunicación es mi pasión, me atrevería a decir una necesidad, y poder darle rienda suelta sin cortapisas ni fronteras gracias a Internet se ha transformado en un goce, más que en una herramienta de trabajo.Facebook

Pablo Vilaboy

pablo vilaboy

Aunque con menos predicamento que el Mediterráneo en esta España nuestra por aquello de que a Serrat no se le ocurrió dedicarles una canción, las aguas del Atlántico avivaron desde muy joven mis ansias creativas y de ese estímulo bravío y libertario se derivaron querencias literarias, teatrales y cinematográficas que finalmente se han traducido en el escritor que soy: un tejedor de historias, ideas y sensaciones que, aun coqueteando con la dramaturgia, guarda total amor y lealtad a esa ventana abierta a otros mundos que es el séptimo arte.Facebook

 

Tráiler oficial de la película vía Canal YouTube de A contracorriente films

Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

Share This Post On
468 ad

Submit a Comment