Fascinación y espanto

“El misterio surge cuando viene a añadirse

la fascinación al espanto”

(Pascal Quignard)

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Cuando, en el transcurso de la última edición del Festival de cine de San Sebastián, tuvo lugar la proyección de Magical girl, segundo largometraje del afamado autor de novelas gráficas Carlos Vermut, se generó de inmediato tal corriente de adhesión crítica hacia este muy personal puzzle cinematográfico ensamblado por el joven director que a nadie pilló por sorpresa que aquella desembocara en una de esas Conchas de Oro que semejan hallarse posicionadas más allá de cualquier atisbo de disensión.

La propuesta temática y estética de Magical girl sin embargo, dista mucho de cristalizar en el acendrado mosaico de piezas reflectantes de realidades mórbidas que su director ambiciona. El guión del film, obra del mismo Carlos Vermut, entrecruza las quebradizas existencias de varios seres con el fin de abocarlas a la senda de una fatalidad bajo cuyo imperio insoslayable confluyen de forma maldita. Los efectos catastróficos e inevitables que traen consigo cada una de las intromisiones de los personajes de Magical girl en vidas ajenas al quedar dinamitado el discurrir paralelo de las esferas vitales antagónicas que habitan cada uno de ellos, conforman el postulado teórico primordial desarrollado en la película. Y si bien es cierto que en tamaño cálculo argumental hallamos la simiente de una fascinación turbadora, sorprendentemente constatamos que en muy contadas partes del metraje del film se atisban posibilidades de una germinación que resulta finalmente inalcanzable.

Un momento de Magical girl, premiada en el último festival de San Sebastián.

Magical girl vincula accidentalmente las existencias de un padre con aprietos económicos (Luis Bermejo) y su hija aquejada de un cáncer terminal (Lucía Pollán) con las de Bárbara (Bárbara Lennie), una bella mujer desequilibrada, y la de un viejo profesor retirado (José Sacristán) obsesionado con esta compleja fémina desde que era alumna suya en el colegio en que impartía clase de Matemáticas. La obcecación paterna por conseguir el dinero necesario con el que cumplir el deseo de la niña moribunda de tener el exclusivo y carísimo traje de la protagonista de una serie japonesa de animación llamada Magical girl, será el detonante de una destructiva cadena de acontecimientos que hará añicos los precarios equilibrios existenciales en donde los cuatro protagonistas del film se encontraban instalados antes de encontrarse. Ofuscación, malicia, sexo, violencia e insania van cercenando las frágiles ligaduras que mantienen atados a una engañosa seguridad cotidiana a los personajes que Carlos Vermut aprisiona en una trama que tiene la pretensión algo absurda de aunar sofisticación y humor cañí (momentos propios de ese cine del tardofranquismo y los primeros años de democracia que tanto abochorna y tan denostado es por los abanderados de la modernidad y la continua transgresión venga o no a cuento), salpicando la narración con sangrientos golpes de efecto y misterio para, lamentablemente, quedarse en ese estadio cinematográfico reservado a obras de aspiraciones abortadas a causa de un enfoque creativo erróneo.

El sugestivo engranaje temático que ofrece Magical girl se malogra debido a un tratamiento de la historia que no consigue conjuntar creíblemente distancia emocional y locura, enigma alucinado y sentimentalismo. Padecida la experimentación estilística de Carlos Vermut, se observan en ella influencias más que evidentes del Agustí Villaronga de Tras el cristal (1986), del Buñuel de Belle de jour (1967)y de muchos de los identificables rasgos de autoría que han ido moldeando los universos fílmicos de David Lynch y Quentin Tarantino, más donde la construcción de realidades distorsionadas pero verdaderas toma carta de naturaleza bajo el prisma de estos cineastas mayores, queda reducida en Magical girl a un simple bosquejo falsario de los referentes apuntados. Ni la violencia (implícita y explícita), ni la sexualidad enfermiza y críptica, ni por supuesto la fatalidad emotiva ambicionadas por Vermut en su segunda película logran siquiera insuflar un hálito de la veracidad autoral de aquellos en quienes desea mimetizarse. No ayuda demasiado a tal afán el atonal nivel interpretativo en el que desacertadamente aúna a sus actores con la reseñable excepción de un sólido José Sacristán.

Magical girl se refugia en una superficialidad travestida de fascinación y espanto de cuya suma únicamente termina derivándose un misterio sin fundamento y, lo que es peor, sin alma.

Óscar López y Pablo Vilaboy

Óscar López y Pablo Vilaboy

Cultura

Óscar López

oscar lopez

Siempre me fascinaron las historias, llegasen en el formato que llegasen, ¿quién iba a decirme que me convertiría en narrador, en transmisor de las creadas por otras, en autor de las propias? La comunicación es mi pasión, me atrevería a decir una necesidad, y poder darle rienda suelta sin cortapisas ni fronteras gracias a Internet se ha transformado en un goce, más que en una herramienta de trabajo.Facebook

Pablo Vilaboy

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Aunque con menos predicamento que el Mediterráneo en esta España nuestra por aquello de que a Serrat no se le ocurrió dedicarles una canción, las aguas del Atlántico avivaron desde muy joven mis ansias creativas y de ese estímulo bravío y libertario se derivaron querencias literarias, teatrales y cinematográficas que finalmente se han traducido en el escritor que soy: un tejedor de historias, ideas y sensaciones que, aun coqueteando con la dramaturgia, guarda total amor y lealtad a esa ventana abierta a otros mundos que es el séptimo arte.Facebook

 

 

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Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

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