La ciudad no es para mí

Las ovejas no pierden el tren. Raúl Arévalo. Inma Cuesta

Los actores Raúl Arévalo e Inma Cuesta en un momento de la película. (©José Haro)

Con el cine español lanzado descaradamente a competir con las comedias de situación televisivas, este filme de Álvaro Fernández Armero con guión propio y excelente fotografía de David Azcano, se apunta a la corriente dominante.

Convocar a un nutrido conjunto de buenos actores y actrices, echarle un argumento interpretable sin muchas exigencias y con la apariencia de pasárselo bien un par de semanas, rodando en Madrid y un par de pueblos de la sierra norte, es un envite, cuando menos discutible.

Los personajes protagonistas de Las ovejas no pierden el tren están interpretados por Inma Cuesta, Candela Peña, Irene Escolar, Kiti Manver, Raúl Arévalo y Alberto San Juan con algunos más y todos irreprochables. Hacen que el largo argumento avance a trancas y barrancas.

Se empeñan en ser creíbles, en una puesta en situación penosa, como de pastiche o astracanada. Aunque bien realizada, con los recursos ambientales en la ciudad y el pueblo muy aprovechados. ¡Hasta las ovejas cumplen su rol con acierto!

Curioso que el conjunto parezca sucedido en cualquier lugar, pero desde luego donde menos en España, en la España actual.

La historia es lo de menos: dos hermanos cuarentones en crisis emocional, en competencia con dos hermanas que también viven la suya y las dos parejas con niños viviendo las separaciones y la pérdida de sus rutinas burguesas.

Pero, además, los dos hermanos tienen un padre con alzheimer y una madre que ya no puede resistir más el estar cuidándole y pide lo lleven a una residencia.

Juan y Alberto, los dos hermanos protagonistas, son periodistas en problemas y el menor está tirando la toalla y decide marcharse al campo, a vivir como un aldeano: cuidando ovejas y cultivando tomates. Luisa, su mujer, también está harta de cuidar casi sola al niño que tienen y del fracaso de su academia de corte y confección con la que intentaba subsistir…

Juan, el mayor, divorciado y con dos niñas que alternan la vida viviendo con cada uno los días que les tocan, no quiere saber nada del campo, aunque lo arrastren ocasionalmente. Está intentando rehacer su vida sentimental con una chica de 25 años, pero la diferencia de edad y los distintos intereses lo frustran.

Las ovejas no pierden el tren. Kiti Mánver, Raúl Arévalo, Alberto San Juan

Raúl Arévalo, Kiti Manver y Alberto San Juan, protagonistas de “Las ovejas no pierden el tren”. (©José Haro)

Para que la comedia resista ante los espectadores, se añaden como ingredientes más digeribles elementos presuntamente más divertidos: una hermana de Luisa que vive al día las relaciones con los hombres y pretende cazar alguno y casarse y su madre, que a los 60 quiere emanciparse y vivir en un apartamento picadero…

Los enredos de Sara, la cazahombres, salpican a la familia y arrastran a todos al campo como escape a la agitación citadina, que tiene a todos al borde del enloquecimiento.

¿Y para qué seguir? Las secuencias de la disipada vida madrileña con orgías inanes y gratuitas, contrastan con las bucólicas rurales, que al parecer complacen primero a Alberto y Luisa con su niño y luego a los demás.

Los actores dan muy bien el tipo o arquetipo, retratados con un acierto y brillantez anonadante, que salvan la atonía argumental. El guión se dispersa con las tramas colaterales y terminamos por aburrirnos con los despropósitos de estos tipos de ciudad, que no saben por dónde andan y que terminan por señalarnos que una posible vuelta a lo rural, es acaso una salida a la crisis emocional y económica que nos abruma y atrapa irremediablemente.

¿Tanta gente para una historia así? Si antaño se declaraba “La ciudad no es para mí” y se renunciaba por lo disparatado, ahora se nos explica que la ciudad sigue siendo complicada y que a lo mejor nos hemos equivocado todos viniendo a las grandes urbes y que lo rural tiene su morbo…

Extraña teoría para una España desbaratada, con el campo abandonado y en ruinas, con un paro juvenil del cincuenta por ciento y la gente amedrentada y buscando lo que sea como autónomos o con negocios de andar por casa y sin créditos de apoyo por parte de las instituciones financieras, los bancos que entre todos hemos salvado de la bancarrota.

¡Venga, vamos todos al campo, que queda más cerca que el extranjero!

Luis Conde

Soy un veterano periodista, curtido en los trabajos de TVE, en diversas revistas y periódicos, desde hace más de cuarenta años. Especializado en temas de cultura popular como el humor gráfico, los tebeos, la novela de quiosco, el cine y la televisión; ejerzo como agitador cultural donde me dejan, aunque eso ya casi nadie sepa lo que es.

 

Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

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