Las constructoras de la razón

El escaparate

Las constructoras de la razón

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Por María Pato

Horadar la urdimbre de la Historia siempre fue una tarea difícil, polémica, con miradas distintas según las percepciones personales que quien investiga tenga, si además le sumamos husmear sobre sociedades secretas, tanto más, pero si complicamos la pirueta e indagamos sobre la participación de mujeres en estas sociedades la cosa es casi de triple salto mortal.

La escritora y periodista, Yolanda Alba en “Masonas” bucea cómodamente en varios mundos que pueden parecer distintos pero son autopistas históricas que en paralelo -aunque hayan querido premeditadamente invisibilizarlo, también como no ocultarlo- circularon con destinos comunes, solo algunas de las personas iniciadas fueron capaces de pasar de un carril a otro, no encontrándose trabas en los muros de contención de estas autopistas o quizás saltándolos y usándolos a modo de vías de servicio.

Este trabajo nos muestra la realidad con las que todas las mujeres nos enfrentamos en el día a día, aun en espacios en los que se busca el perfeccionamiento y racionamiento humano. La masonería nació con las construcciones góticas y en ellas, como cuenta Yolanda Alba, las mujeres participaron activamente como componentes de las organizaciones gremiales medievales, pues según señala la autora “la mirada diferente de los constructores podía provenir de su profundo conocimiento de la simbología y la práctica de los ritos y misterios de la iniciación de la antigüedad, en las divinidades femeninas y la participación de las mujeres tenían una importancia mayor que en el culto cristiano”. Desafortunadamente, la práctica de la doctrina de Santo Tomas de Aquino, que culmina con la misoginia de los filósofos de la Ilustración, supuso la muerte intelectual y artística de la mujer y si no estamos en la Cultura difícilmente podemos estar en cualquier espacio común incluyendo los espacios que buscan la elevación humana desde el conocimiento como muestra la autora en “Masonas”.

A pesar de ello, como siempre hubo pioneras que picaron y picaron en la puerta, otras directamente se “colaron” en las quedadas masonas vestidas de hombres o dentro de un armario, hubo mujeres que como en cualquier ámbito buscaron su espacio y la obra nos muestra quiénes fueron y cómo lo hicieron.

Alba busca y nos cuenta quiénes con nombres y apellidos y cuáles son sus historias, algunas de las masonas de la obra también pusieron su nombre en la Historia común de las mujeres por sus logros para todas, cabe destacar los nombre de quienes en España su legado se borró de la Historia y poco a poco se va desvelando: Carmen de Burgos, Mercedes Pinto, Consuelo Berges y la admirada Clara Campoamor a la que la dictadura no le permitió regresar a España sin que antes delatara a sus hermanos masones, Clara murió en el exilio por no romper las reglas humanitarias de la masonería.

No podemos dejar de mencionar como la autora también nos cuenta que en la Gran Logia de Francia el 9 de diciembre de 1949 se inaugura el Templo Masonico Franklin D. Roosevelt en Paris con la presidencia de la madre de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Eleanor Roosevelt, acompañada por el Gran Maestre y miembros del Consejo Federal y Delegaciones de toda Francia.

Busto de Clara Campoamor. Imagen destacada photo credit: Zaqarbal via photopin cc

Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

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