Luz y medida

“Nadie es luz de sí mismo: ni el sol”.
(Antonio Porchia)

Cartel Mr. TurnerEl escritor, crítico de arte y sociólogo inglés John Ruskin sentenció de su contemporáneo y compatriota Joseph Mallord William Turner: “Es el artista que más conmovedora y acertadamente puede medir el temperamento de la naturaleza.” Popularmente conocido como “el pintor de la luz”, Turner constituyó una de esas rara avis dentro del venenoso círculo de las Bellas Artes de su época que disfrutó de un general reconocimiento crítico y una posición económica desahogada desde su primera juventud hasta el día de su muerte allá por 1851, momento en el que las creaciones de su obra última reflejaban claramente una osada evolución técnica que con el paso del tiempo llegaría a ser considerada precursora romántica del impresionismo. La pronta maestría pictórica que Turner exhibió a la hora de tratar el paisaje en óleo y también en acuarela le aseguró un lugar de privilegio en la Real Academia de Arte desde los quince años y aunque su obcecación por captar la luz pura en sus lienzos de estilo tardío no estuvo exenta de controversia, sumada a un palmario desinterés hacia la forma de los objetos bosquejándose ya en ello una cierta abstracción, siempre mantuvo una imperturbable y generalizada consideración pública en todo lo concerniente a su faceta creativa.

Como a tantos otros bendecidos por una genialidad colosal, el artista inglés tuvo en su vida personal el reverso lóbrego de tal don: de personalidad misántropa e introversión virulenta y ególatra, Joseph Mallord William Turner abandonó y se desentendió de su esposa e hijas, y formó junto a su padre una excluyente alianza paterno-filial que se prolongó en convivencia hasta la muerte del progenitor. Además, la sombra de la demencia, enfermedad por la que tuvieron que recluir a su madre en un manicomio durante los últimos cuatro años de su existencia, nunca dejó de planear sobre sí, nutriendo la interpretación pérfida que muchos daban al comportamiento ofuscado del que solía hacer gala. Genio y hosquedad se aunaban en un hombre de sensibilidad única para aprehender la intangibilidad de cuanto conforma la atmósfera de un instante en el seno de la Naturaleza.

El estreno de Mr. Turner, el muy personal biopic sobre el reputado pintor decimonónico escrito y dirigido por Mike Leigh, con un soberbio Timothy Spall en el rol central, ha dado actualidad no sólo a la figura del hostil inglés, sino que nos ha ofrecido la oportunidad de comprobar nuevamente el inusitado enfoque cinematográfico que Leigh da a las producciones de época. Al igual que acontecía con su acerada aproximación a las vidas de los compositores londinenses del s. XIX Gilbert y Sullivan plasmada en Topsy-Turvy (1999), este cineasta, reconocido como uno de los grandes cronistas de la clase obrera contemporánea de su país, vuelve a hacer de su cámara un auténtico escalpelo con el que disecciona las entrañas de la cotidianidad histórica en la que se enmarca el argumento de Mr. Turner. Reconocemos en las imágenes con las que Mike Leigh va forjando el tramo final de la vida del artista la tradicional minuciosidad en la recreación de una época pretérita característica de las producciones británicas y sin embargo es del trazo crudo con el que retrata a sus personajes y de la destemplanza de la que se sirve para apuntalar sus acciones de donde el film extrae un verismo inmediato, infrecuente en este tipo de películas que miran hacia un pasado lejano.

Mr. Turner

Momento de Mr. Turner, biopic escrito y dirigido por Mike Leigh

El acabado del algo exorbitante lienzo cinematográfico que Mike Leigh ha creado para Mr. Turner proporciona una contemplación de múltiples cuadros de emoción sensorial dentro de una escasamente delimitada línea argumental que dilata en demasía el sentir ordinario de fragmentos de la existencia del pintor que no dinamizan en absoluto la historia principal sobre la que se ha construido el guión del film. El biopic dirigido por Leigh funciona mejor como mero encadenamiento de instantes de enorme belleza plástica con ciertos episodios de la realidad doméstica e íntima de Turner que como aguzada semblanza fílmica de su figura. La supremacía calcinadora del astro rey y el ímpetu devorador del mar, pilares sobre los que edificó su leyenda el maestro decimonónico gracias a la manera fidedigna con la que atrapó todas y cada una de las gradaciones lumínicas que iban atesorando sus pupilas, se traducen en la gran pantalla a través de una fotografía prodigiosa de Dick Pope hermanada con una planificación visual fulgurante pero nada abrumadora. Así por ejemplo, cuando en unos fotogramas vemos reproducida la hondura luminosa de alguna obra mayor del pintor como El valiente Teméraire remolcado desde el último punto de anclaje para ser destruido, la plasticidad milagrosa de dichas imágenes resulta impresionante tanto por el reto fotográfico que conllevan como por la sencillez expositiva con la que Leigh las filma.

En el apartado interpretativo Mr. Turner se cohesiona con la anterior filmografía de Mike Leigh, formada por auténticos modelos de lo que debe ser la excelencia dramática en el cine. No causa sorpresa que el director de la que es considerada una de las sinfonías actorales más sobresalientes de todos los tiempos, Secretos y mentiras (1996), consiga armonizar la composición estelar de Timothy Spall con la uniforme brillantez derivada de los concienzudos trabajos del resto de sus compañeros de reparto (en especial los desempeñados por Dorothy Atkinson como la sacrificada y explotada criada del pintor huraño y Marion Bailey en su vivaracho rol de última pareja del mismo), pero admira cerciorarse una vez más de la pericia inagotable de Leigh para acompasar las necesidades internas de un film con la melodía interpretativa generada por su pluscuamperfecta dirección de actores.

Mr. Turner

Mr. Turner muestras las luces y sombras del genial artista inglés, conocido como “el pintor de la luz”.

En el rico anecdotario generado por una personalidad como la de Turner hay un suceso que ha pasado a los anales por ejemplarizar la firme adhesión a la filosofía de lo sublime que marcó el desarrollo estético de su obra: en el transcurso de una exposición, de uno de sus cuadros se desprendió un pedazo de cielo, pero el pintor lejos de disgustarse replicó a quienes se preocupaban por el incidente: “Lo único que importa es dar una impresión.” Pecando de errática en la conjunción de cuantos retazos argumentales entrelaza, Mr. Turner triunfa sin embargo en subyugar nuestra mirada gracias a las maneras deleitables con las que Mike Leigh nos permite hacer nuestras muchas de las improntas sensoriales legadas por aquel solitario cazador inglés de la luz.

Óscar López y Pablo Vilaboy

Óscar López y Pablo Vilaboy

Cultura

Óscar López

oscar lopez

Siempre me fascinaron las historias, llegasen en el formato que llegasen, ¿quién iba a decirme que me convertiría en narrador, en transmisor de las creadas por otras, en autor de las propias? La comunicación es mi pasión, me atrevería a decir una necesidad, y poder darle rienda suelta sin cortapisas ni fronteras gracias a Internet se ha transformado en un goce, más que en una herramienta de trabajo.Facebook

Pablo Vilaboy

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Aunque con menos predicamento que el Mediterráneo en esta España nuestra por aquello de que a Serrat no se le ocurrió dedicarles una canción, las aguas del Atlántico avivaron desde muy joven mis ansias creativas y de ese estímulo bravío y libertario se derivaron querencias literarias, teatrales y cinematográficas que finalmente se han traducido en el escritor que soy: un tejedor de historias, ideas y sensaciones que, aun coqueteando con la dramaturgia, guarda total amor y lealtad a esa ventana abierta a otros mundos que es el séptimo arte.Facebook

 

 

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Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

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