Mayra Gómez Kemp: “No quería que nadie contase la historia por mí”

Su libro de memorias, ¡Y hasta aquí puedo leer!, es un éxito de ventas. La presentadora aborda en el volumen publicado por Plaza y Janés aspectos inéditos de su vida, desvela hechos que sólo conocían sus íntimos y recorre sin tapujos su trayectoria profesional y su lucha contra el cáncer.

Mayra Gómez Kemp junto a María Durán y Beatriz Escudero, en la época del trío Acuario.

Mayra Gómez Kemp junto a María Durán y Beatriz Escudero, en la época del trío Acuario. (Imagen del archivo personal de la presentadora)

Aunque le da pudor ser considerada de ese modo, estamos ante uno de los rostros legendarios de la pequeña pantalla, una profesional todoterreno que pasó de ser una buena amiga de los niños (a los que siempre se dirigió como personas, sin ñoñerías ni voz de pato) a convertirse en la presentadora más valorada, querida y respetada cuando Chicho Ibáñez Serrador la puso al frente del concurso de los concursos, el Un, dos, tres. Mayra ha sido actriz, cantante, monologuista, una comunicadora versátil que conserva intacta su energía, que superó las mejores expectativas de sus médicos, que volvió a aprender a hablar para seguir siendo ella misma.
PREGUNTA.- Son unas memorias muy sinceras, se nota desde las primeras líneas…
RESPUESTA.- Estoy muy orgullosa de que el público lo esté percibiendo de esa manera porque mi mayor objetivo, una vez me embarqué en el proyecto, fue ser honesta conmigo y con los lectores. Podía haber escrito algo al modo “Mayra en el país de las maravillas”, pero no me pareció de recibo y por eso aquí está mi verdad, lo que he vivido con sus luces y sus sombras.
P.- Siempre has sido una persona muy prudente, muy pudorosa, cuidadosa especialmente con tu vida privada y, a pesar de lo mucho que exteriorizas, te mantienes fiel a esa esencia…
R.- ¡Me encanta que digas eso de pudorosa porque recuerdo que en un reportaje que nos hicieron cuando Acuario un pie de foto decía que María (Durán) y Beatriz (Escudero) estaban monísimas y yo llevaba un “bañador anti porno”, jajajaja! Hablando en serio, por eso el título, al margen de ser una frase tan popular, viene como anillo al dedo: me he callado muchas cosas, las que no me parecían necesarias, y he reescrito infinidad de páginas hasta que me parecía que todo quedaba claro y era justa con las personas involucradas. Además, como decía antes, no quería edulcorar o mentir, no quería defraudar…
P.- Hablas de tus padres y no ocultas cómo su matrimonio estuvo a punto de romperse…
R.- Por momentos, la escritura del libro ha sido una auténtica catarsis, he comprendido que verbalizar algo es superarlo: hasta hace poco, hasta que lo escribí, no podía escuchar el chirrido de las ruedas de un coche sin sufrir un ataque de ansiedad (referencia al momento en que su padre tuvo que abandonar la casa familiar debido a una relación extramatrimonial) y ahora ya no me lo tomo igual… Pero, por encima de todo, quería revisitar los muchos momentos felices compartidos y reconocer la deuda de gratitud que siempre tendré con mis padres, el apoyo que de ellos recibí, lo mucho que me enseñaron personal y profesionalmente.
Su padre, Ramiro Gómez Kemp (eligió presentarse ante los demás con sus dos apellidos “por el deseo de que si algún cubano me veía en el teatro o en la televisión me reconociera inmediatamente como [su] hija”), fue escritor, cantante, guionista y director de televisión, mientras que su madre, Velia Martínez Febles, fue actriz, cantante y presentadora. Mayra habla de ellos con orgullo y amor, con un brillo especial en la mirada, el mismo que se agudiza cuando en la conversación surge el nombre de su marido, el actor argentino Alberto Berco.

Mayra y su marido, el actor Alberto Berco. (Imagen del archivo personal de la presentadora)

Mayra y su marido, el actor Alberto Berco. (Imagen del archivo personal de la presentadora)

P.- ¿Cómo le contaste que ibas a escribir tus memorias?
R.- Lo cierto es que en alguna ocasión me había dicho que debería hacerlo, que tendría que dar mi versión sobre algunas cosas y ese fue uno de mis mayores empujes: no dejar que nadie contase la historia por mí. Además, creo que Alberto merecía leerlas, no tenía sentido escribirlas más tarde, es una satisfacción compartida: para él, poder hacerlo y para mí, saber que lo ha hecho. Le consulté cómo o en qué forma quería que contase su lucha contra la depresión, los momentos más oscuros, pero él me dio total libertad, me dijo que confiaba plenamente en mí y que sólo leería el original cuando estuviera terminado. Y así lo hizo: un día, llegué a casa y sólo me dijo “ya lo leí, Mayra”, y cuando le pedí que me explicase qué le había parecido apostilló “he llorado”. ¡Fue un gran alivio porque vi su emoción y reconocimiento!
Como no podía ser de otra manera, el Un, dos, tres ocupa gran parte del libro (“quería que el público conociese el backstage”), ese programa mítico cuya grandeza se refuerza con el paso del tiempo (“fue el último programa que se vio en familia”), ese espectáculo que, bajo la batuta certera e incluso implacable de Chicho, Mayra condujo con sabiduría y pulso firme en un momento en que no había pinganillos ni teleprompter, ausencias que aún complicaban más un programa que en sí mismo era como varios en uno solo.

P.- Muy pocos pensaban que saldrías airosa del reto…
R.- Sólo creían en mí Alberto y Chicho, todos los demás esperaban que me diese el batacazo… ¡Una mujer al frente de un concurso y, para colmo, el buque insignia de TVE! Además, como en este país todo se veía por parcelas, se pensaba que la que presentaba un programa infantil no podía dar el salto a otro tipo de contenidos… Todos tenemos límites, por supuesto, pero sólo los que el talento nos pone. Por fortuna, las mujeres se convirtieron en mis mejores aliadas, al margen de los niños, claro.
P.- ¿Cómo fue esa primera bajada de escalera?
R.- ¡Lo peor fue el temblor de manos e intentar disimularlo! Pero en cuanto comenzó la grabación todo fue fluyendo y me fui relajando… Era consciente de que me habían regalado un caramelo envenenado que bien podía elevarme o hundirme sin remisión. ¡Es algo que también experimentó Andy García y caigo en la cuenta de que no lo he contado en el libro! Trabajó con mi madre cuando era jovencito y siempre fue un encanto con ella; en una ocasión coincidimos y le pregunté qué sintió cuando le llamaron para El Padrino III y me dijo exactamente lo mismo: no puedes dejar pasar esa oportunidad aunque seas consciente del riesgo que comporta.
P.- Y, tras muchos años sin responder a nada relacionado con tu salida del Un, dos, tres o a tu ausencia en el programa del vigésimo

Mayra Gómez Kemp

Mayra Gómez Kemp, en la actualidad.

aniversario, lo explicas con mucha calma en el libro…
R.- Como decía, esa era una de mis intenciones, pero sin reproches, sin escarbar en la herida: sencillamente, contando las cosas como las viví. Ahora que Chicho y yo volvimos a acercarnos y dejamos claros los malentendidos era la ocasión perfecta para contarlo y creo que he sido bastante justa con todo el mundo.
Con esa misma calma y con esa misma honestidad, sin victimismos pero sin eufemismos, Mayra aborda el asunto de sus dos enfrentamientos al cáncer, de sus dos victorias sobre la devastadora enfermedad que, a pesar de las visibles secuelas físicas, no ha impedido que, en contra de los pronósticos, siga sonriendo y comunicándose.
P.- Cuentas este episodio casi desde la asepsia, pero llamando a las cosas por su nombre…
R.- Mi sentido del humor es a prueba de bombas, no puedo evitar llevarlo todo al tono más distendido posible, sin tomarme a broma lo que no debe ser tomado de esa manera, por supuesto. En este caso, puedo afirmar en primera persona que el enfermo sólo quiere la mayor normalidad posible, que no podemos ocultar lo que sucede ni evitar pronunciar la palabra maldita, que eso supone una carga tan amarga como el propio cáncer.
P.- Echas por tierra con apabullante sencillez ese mito de “mucho ánimo y alegría, que eso cura más que los tratamientos”, te consientes lágrimas lo que no impide que plantes cara a la adversidad…
R.- ¡Claro que sí! Es que dar palmaditas en el hombro, decir frases bonitas es como un castigo, como si no te comprendiesen, parece que estás obligado a poner buena cara y que quejarte está mal. A más de uno, cuando se comporta así, le he dicho “pierde primero el pelo por efecto de la quimioterapia y ya luego me cuentas lo contento que estás”. Si mi testimonio puede servir para reconfortar a alguien, y al mismo tiempo para demostrar que no pasa nada por protestar cuando vienen mal dadas, me doy por satisfecha.
Y bien puede estarlo al comprobar que incluso las generaciones posteriores al Un, dos, tres la quieren, respetan y consideran parte de su vida, de recuerdos heredados que sienten como propios. Ella, que no necesita apellidos para ser identificada –“mi nombre es raro, las cosas como son”- y que está pletórica por las muestras de cariño que recibe constantemente, “aunque sólo espero sobrevivir a la promoción, jajaja”. A buen seguro, aún nos dará ocasiones para celebrarla y aplaudirla, pero… ¡hasta aquí puedo leer!

Localizamos a los concursantes del “Un, dos, tres” que tampoco ha olvidado Mayra

La pareja que ganó 2 millones y medio de cerillas en un recorte de prensa de la época (Imagen del archivo personal de Consuelo Picazo)

La pareja que ganó 2 millones y medio de cerillas en un recorte de prensa de la época (Imagen del archivo personal de Consuelo Picazo)

De entre las muchas anécdotas recogidas en ¡Y hasta aquí puedo leer! relacionadas con sus años al frente del mítico concurso, destaca el momento en que Mayra recuerda “el mal trago que pasé mientras le decía a una pareja sencilla y deliciosa que habían ganado dos millones y medio de… (…) cerillas. La decepción del público fue, si cabe, aún mayor que la de los propios concursantes que se conformaron con llevarse un buen recuerdo de lo vivido en el programa. Al finalizar, poniendo al mal tiempo buena cara, quisieron hacerse una foto con el equipo. Nos obsequiaron con un afectuoso beso y nos pidieron un autógrafo. Esos concursantes también nos dieron una verdadera lección de saber estar”. Dm ha encontrado a esta pareja de novios, los cuales llevaban muchos años sin saber del otro, “y ahora que hemos vuelto a hablar para localizar el recorte, pensamos en reencontrarnos y ponernos al día”, comenta Consuelo Picazo, contenta porque ha sabido que, en contra de lo que contaron, Juan José Cullell ha superado las secuelas de un grave accidente.

Cumpliendo aquella máxima que decía que “si toca coche, te llevas el coche, pero si toca una vaca, es una vaca lo que te llevas”, Consuelo recuerda que “Tabacalera se puso en contacto con nosotros al día siguiente para saber a qué dirección debía llevar el premio y les dije que esperasen porque si no iba a arder la casa, jajaja. Pero al final pudimos negociar y nos las recompraron y, mira, al menos sacamos un dinerillo, quedándonos con alguna caja como recuerdo”.

Recuerda la experiencia como “muy simpática, pero nunca olvidaré los nervios porque, al margen del concurso, era estar delante de las cámaras, claro. Además, durante las pausas nos separaban y aislaban para que no pudiese haber ninguna trampa, no nos enterásemos de nada ni habláramos entre nosotros… Pero fue un momento divertido y todo el mundo fue muy amable. ¡Qué maja Mayra recordando este momento!”.

Óscar LópezOscar1 - copia

Siempre me fascinaron las historias, llegasen en el formato que llegasen, ¿quién iba a decirme que me convertiría en narrador, en transmisor de las creadas por otras, en autor de las propias? La comunicación es mi pasión, me atrevería a decir una necesidad, y poder darle rienda suelta sin cortapisas ni fronteras gracias a Internet se ha transformado en un goce, más que en una herramienta de trabajo.

Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

Share This Post On
468 ad

Submit a Comment