Mínimo común múltiplo

Más allá de la pantalla

Mínimo común múltiplo

 

“La crueldad no requiere ningún motivo para ser practicada,

apenas oportunidad.”

(Mary Ann Evans)

La irrupción de La isla mínima, último film del sevillano Alberto Rodríguez, en el panorama cinematográfico patrio ha sido saludada con un generalizado reconocimiento crítico y una no menos calurosa acogida comercial, acompañados de ciertas malintencionadas comparaciones con una de esas series imprescindibles a las que nos tiene acostumbrados cada año la HBO, True detective, que lejos de empañar el predicamento de la película entre profesionales y espectadores ha suscitado una polémica nada virulenta y algo absurda conducida sabiamente por los publicistas de la producción española.

Alegan aquellos defensores de la puridad argumental de La isla mínima que el guión de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos llevaba gestándose muchos años antes de cristalizarse al fin en imágenes y que, por tanto, es la serie estadounidense la que ha tomado como espejo creativo la película del director andaluz. Semejante ejercicio de imaginación resulta en verdad bastante increíble (sobre todo el modo en que el director ha contado en alguna entrevista que Raúl Arévalo llegó un día al rodaje con una fotografía de la serie al grito de “¡Nos han copiado!”), y en cualquier caso elude torticeramente un dato que sí aducen quienes ponen a “True detective” como referente temático y visual del film de Rodríguez: la postproducción del mismo tenía lugar cuando la serie ya había empezado a emitirse en las televisiones de medio mundo, con lo cual habría podido imitar la plasticidad sombría de la misma.

Entrar en detalle dentro del desatinado círculo de comparativas maledicentes entre La isla mínima y True detective conduce a una necia negación de la existencia de una común tradición creativa de la que ambas toman referentes evidentes, así como a una minusvaloración de las señas de identidad que las dos producciones aportan al género noir contemporáneo, dando como resultado un ridículo ensalzamiento de una a costa de otra sin más guía que la de una ostentosa, osada y en muchos casos voluntaria ignorancia.

mcComo paralelismos evidentes que se dan entre las tramas del film y de la serie podemos señalar: dos detectives de personalidades antagónicas y bagaje vital tormentoso en uno de los componentes de cada pareja (Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo en La isla mínima, Matthew McConaughey y Woody Harrelson en True detective) se ven inmersos en unas investigaciones criminales en comunidades rurales sitas en territorios agrestes donde impera un precario equilibrio social (las marismas del Guadalquivir del largometraje y la opresora circunscripción costera del Sur de Louisiana de la serie) durante épocas claves de la Historia reciente (el despertar de la joven democracia española tras años de sometimiento al yugo franquista del film de Gutiérrez y un arco de tiempo que abarca dos décadas de degeneración moral y política en el estado sureño durante el tránsito del siglo XX al XXI en el caso de la obra de la HBO). Tanto una como otra se sirven del misterio criminal para dejar expuestas las entrañas de la podredumbre humana y la corrupción de la policía y los poderes fácticos de los universos que habitan sus protagonistas, con la ambición de apuntalar simultáneamente el retrato psicológico de cada uno de ellos (propósito que queda reducido a un esbozo en la película y que, sin embargo, consigue un sobresaliente grado de introspección analítica de los caracteres principales en True detective).

No obstante lo anterior, y sin menospreciar en absoluto los méritos notables de La isla mínima, la pericia superlativa con la que Cary Joji Fukunaga acometió la dirección de los muy sólidos guiones que el novelista Nic Pizzolatto escribió para True detective (en los que elementos tradicionales del thriller se dan la mano con la metafísica y el horror de manera harto turbadora), así como el excepcional trabajo de diseño de producción que se hizo para los ocho episodios que la integran, colocan a esta nueva joya de la HBO a una altura artística que en ningún caso logra alcanzar la película patria.

Tanta fijación con el hecho comparativo que se ha pretendido establecer entre La isla mínima y True detective ha desviado la atención de las particulares señas de identidad de cada una de ellas. Dejando a un lado el tronco común del género noir del que se ramifican ambas historias, se ha desatendido la propia tradición literaria española del thriller policiaco con representantes tales como Manuel Vázquez Montalbán, Francisco García Pavón, Pedro Casals o González Ledesma, quienes han otorgado personalísimos localismos criminales a las clásicas historias de investigación policial haciéndolas muy nuestras. Porque del mismo modo que Nic Pizzolatto bebió de las fuentes de la popular literatura pulp proveniente de seriales llamados precisamente True detective (en los que escribieron autores capitales de la novela negra como Dashiell Hammett, Jim Thompson o Ann Rule) cuyos orígenes datan de 1924, y también del legado gótico sureño que tanto ha inspirado a los escritores estadounidenses a lo largo de los siglos, afilando así el dibujo identificador de unos entornos y unas gentes de singularidad manifiesta, Alberto Rodríguez y Rafael Cobos han hecho del bosquejo humano netamente andaluz construido para la historia de La isla mínima uno de los mejores capitales artísticos del film, herencia innegable de los referentes españoles apuntados.

La corta filmografía de Alberto Rodríguez se ha visto acompañada hasta el momento presente de esa difícil unión de éxito crítico y de público (más del primero) gracias a títulos de irregular factura mimética y cansinas pretensiones autorales como 7 vírgenes (2005) y Grupo 7 (2012). En tan breve trayectoria La isla mínima se constituye en un elegante ejercicio de dirección en el que el comedimiento de Rodríguez detrás de la cámara, amén de la refulgente fotografía de Álex Catalán y el acerado montaje de José M. G. Moyano, conquista una meritoria cima de calidad y divertimento. Señalemos en el debe del film que, a pesar de la corrección actoral de Javier Gutiérrez (flamante ganador de la Concha de plata a la mejor interpretación masculina de la pasada edición del Festival de cine de San Sebastián y gran favorito para hacerse con el Goya de este año en dicha categoría) y la autenticidad dramática de Nerea Barros, el nivel interpretativo de quienes cierran el cuarteto protagónico de la película, Raúl Arévalo y Antonio de la Torre, es ciertamente decepcionante.

Entrelazadas por el señalado mínimo común múltiplo de tradición noir, La isla mínima y True detective ahondan (la primera manteniendo el escarpelo de sus pretensiones muy cerca de la superficie, la segunda precipitándose en la sima de la depravación humana) en las cadenas predadoras que aprisionan a unos hombres con otros en una cárcel de vida donde sólo es precisa la coyuntura adecuada para que alguien de rienda suelta a sus impulsos devoradores.

Óscar López y Pablo Vilaboy

Óscar López y Pablo Vilaboy

Más allá de la pantalla

Óscar López

oscar lopez

Siempre me fascinaron las historias, llegasen en el formato que llegasen, ¿quién iba a decirme que me convertiría en narrador, en transmisor de las creadas por otras, en autor de las propias? La comunicación es mi pasión, me atrevería a decir una necesidad, y poder darle rienda suelta sin cortapisas ni fronteras gracias a Internet se ha transformado en un goce, más que en una herramienta de trabajo.Facebook

Pablo Vilaboy

pablo vilaboy

Aunque con menos predicamento que el Mediterráneo en esta España nuestra por aquello de que a Serrat no se le ocurrió dedicarles una canción, las aguas del Atlántico avivaron desde muy joven mis ansias creativas y de ese estímulo bravío y libertario se derivaron querencias literarias, teatrales y cinematográficas que finalmente se han traducido en el escritor que soy: un tejedor de historias, ideas y sensaciones que, aun coqueteando con la dramaturgia, guarda total amor y lealtad a esa ventana abierta a otros mundos que es el séptimo arte.Facebook

 

Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

Share This Post On
468 ad

Submit a Comment