Pablo Sebastiá: “Vitoreamos al primero que actúa y eso puede ser muy peligroso”

Tras varias novelas de género negro, Pablo Sebastiá presenta La sonrisa de las iguanas (Reino de Cordelia), sátira descarnada pero muy reconocible de la España actual, menos metafórica de lo que a algunos les gustaría.

Pablo Sebastiá

Pablo Sebastiá, autor de “La sonrisa de las iguanas”.

Miembro del comité organizador del certamen internacional de crimen y ficción Castelló Negre y componente del colectivo “12 Plumas Negras”, Pablo Sebastiá ha decidido “traicionar” el género que le ha granjeado seguidores muy fieles para reunir a unos cuantos personajes muy reconocibles del momento que vivimos en el Instituo Mental Europeo y aplicarles el espejo deformante pero revelador con que Valle-Inclán nos enseñó a mirar alrededor.
PREGUNTA.- ¿Te costó mucho la decisión de aparcar lo negro para primar otros tonos?
RESPUESTA.- Lo cierto es que el género negro es más propicio para hacer crítica, de hecho nació con ese impulso, pero todo es más sutil, hay más ironía y lo que prima es el crimen, el misterio, lo que reconocemos como tal. En esta ocasión, me he lanzado sin remisión a la sátira, no podía ser de otra manera porque era la única forma de poder presentar la historia que yo quería; por otro lado, he explorado otros géneros, no es que me niegue, pero lo negro ha sido desde siempre lo que más me ha tirado y donde me siento más cómodo.
P.- Ya sabemos que la etiqueta “novela” es muy ambigua, que permite muchas matizaciones y por eso está siempre en transformación, pero habrá quien piense que La sonrisa de las iguanas tiene poco de ficción…
R.- En gran parte, así lo he procurado porque quiero que se defienda desde el realismo: no hay nada más duro que ver un telediario, hay momentos verdaderamente insoportables, de esos de apartar la mirada. Por lo tanto, no he querido rebajar el tono ni refrenarme porque ese es el material que manejo y parece que los primeros lectores han aceptado el envite y gustan de la propuesta porque son varios los que me han dicho que han reído mucho, pero al cerrar la novela se han quedado pensando en la carga de profundidad de lo que se cuenta. Era una de mis pretensiones: que el lector llegase a la carcajada pero, en un momento dado, se contuviese y pensara “creo que de esto no debo reírme”.
P.- ¿Qué responderías si alguien te acusase de ser apocalíptico?
R.- Que son así los tiempos que nos toca vivir, aunque no creo que sea para llegar a ese extremo porque se trata, precisamente, de darnos cuenta de lo que no funciona para intentar enderezarlo, no de arrasar. Pero ya ha habido algunos que, sin emplear ese término, sí me han dicho que es una atrocidad escribir una novela así porque resulta desoladora y que “hay que ver cómo sois los liberales”… ¡Incluso alguien me dijo que yo lo que quería era el despido libre! No sé qué tiene que ver, pero resulta muy curiosa la reacción de cada uno ante lo que cuento.
La sonrisa de las iguanas es un relato coral que retrata tanto a los internos como al personal que atiende el Instituto Mental Europeo, afectado como el resto de la sanidad por los permanentes recortes, sin obviar las referencias a la clase política (un concejal independentista del Ayuntamiento de Barcelona se oculta en una de las suites de la institución para lograr la mejor atención posible en su convalecencia), el activismo radical y los medios de comunicación: “España es un auténtico manicomio, ¿para qué andar con paños calientes?. Estamos locos de atar y por eso mismo no se me ocurrió un escenario mejor”.
P.- La novela actúa como el dominó cuando dejas caer la primera pieza o como una inofensiva e incluso blanda bola de nieve que va ganando consistencia y tamaño según cae por la pendiente…
R.- Y es que es así cómo nos comportamos: siempre necesitamos a otros, el primero que se atreve a erigirse en portavoz, a hacer cosas, aquel que indica el camino a seguir empieza a ser vitoreado, querido, no para de conseguir adeptos y eso puede ser muy peligroso, da igual de qué lugar venga. Pero ese comportamiento gregario es comprensible desde el momento en que hemos cedido a un ente abstracto muchas parcelas de nuestra vida privada y lo aceptamos como algo normal.portada La sonrisa de las iguanas. Pablo Sebastiá
P.- ¿No debería preocuparle a quién corresponda, tal vez a cada uno de nosotros como señalas, que en un noventa por ciento de las novelas o películas que vemos siempre aparezcan como los malos las fuerzas de seguridad, los gobiernos, diferentes instituciones?
R.- Yo siempre he sentido miedo ante el tamaño del Estado: no puede hacer otra cosa que excederse, ya que le hemos dado potestad para ello. Pensemos, más allá de la lógica reclamación de los tributos y de las responsabilidades de cada ciudadano, hasta dónde tiene capacidad para llegar Hacienda con tal de cobrar lo que considera se le debe… ¡y estamos indefensos! Y como decía antes, en parte parece ser lo que queremos para no tener que preocuparnos por nada: es un círculo vicioso.
P.- Tal vez pueda encuadrarse en ese panorama que trazas el hecho de pretender condicionar, por no decir controlar, los contenidos televisivos…
R.- Puedes estar de acuerdo o no con un programa, puedes verlo o no, pero no puedes exigir que lo eliminen o que haya censura previa. Sí, en parte hablamos de lo mismo porque esa actitud implica que se delega la enseñanza de los valores que deben transmitirse en casa: no es competencia del colegio ni mucho menos de la televisión, en el primero se aprenden conocimientos y la otra informa, entretiene, lo que sea, pero la educación se lleva puesta desde casa. ¡Si hasta el peatón está marcado por el Código de la Circulación!
Pablo Sebastiá ha trabajado mucho su novela (“Un auténtico trabajo de artesano: he pasado más tiempo corrigiendo y limpiando que escribiendo”) para que sus personajes ofrezcan sus caras, para que no los rechacemos a las primeras de cambio, para que intentemos ponernos en su situación y de esa disección fluye con más fuerza el vitriolo que alienta su prosa.
P.- La novela negra vive un momento dulce y lleno de parabienes…
R.- Sí, ya le iba tocando; en realidad son vaivenes del mundillo editorial, fluctuaciones: ahora lo más denostado son los best-sellers conspiranoicos, las tramas enrevesadas que hace unos años tenían millones de lectores y que, aunque se mantienen, van quedándose atrás por la pujanza de 50 sombras de Grey y demás. Igual dentro de un tiempo, esperemos que no, la novela negra vuelve a estar mal vista.
P.- ¿Seguirás en el género, pase lo que pase?
R.- Sí, sí, de hecho ya estoy trabajando en algo que entronca más con mis obras anteriores y que se titula Intentando suicidarse casi se mata… Ni de lejos va ser tan sarcástica como la última, pero ganas de seguir explotando la ironía sí me han quedado.
Este abogado (“En realidad, sólo licenciado en Derecho porque mis padres querían que estudiase lo que ellos llamaban una carrera de verdad”) siempre tuvo claro que lo suyo era la escritura y tuvo la suerte de encontrar el mejor apoyo en su mujer, quien siempre le animó a continuar. Ahora, planificando su próxima entrega, sólo armado con la literatura, hace como las iguanas del título: sonreír hasta que lance un puñetazo literario.

Óscar LópezOscar1 - copia

Siempre me fascinaron las historias, llegasen en el formato que llegasen, ¿quién iba a decirme que me convertiría en narrador, en transmisor de las creadas por otras, en autor de las propias? La comunicación es mi pasión, me atrevería a decir una necesidad, y poder darle rienda suelta sin cortapisas ni fronteras gracias a Internet se ha transformado en un goce, más que en una herramienta de trabajo.

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Escrito por Merche Rodríguez

Author: Merche Rodríguez

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